FallenPrince
Poeta recién llegado
Érase una vez el viejo reino del sentido común,
donde como mucho la división era un nicho.
Lugar donde se te veía por tu sincera intención
y no por lo que piensan que has dicho.
Reino donde el compás apuntaba al norte
y pocos pregonaban palabras de descenso.
Los que lo hacían recibiendo mínimo soporte,
ya que el mar del optimismo era vasto y denso.
Existían problemas, para nada era perfecto,
pero cada cosa tenía su justo lugar.
Se celebraba lo bueno y su buen efecto
y se dudaba cuando había que dudar.
Cada situación se trataba como jugar ajedrez,
sin extremismo, cinismo o nihilismo.
Con la paciencia de un santo o tal vez de diez,
buscando soluciones dentro de uno mismo.
Cada cosa en el mundo se usaba para construir,
cada impulso creativo era escuchado.
Ya que en lugar de reemplazar y destruir
los transmutaban como alquimista inspirado.
Poco queda de aquel reino sereno
y dirán que es nostalgia, mi rima en abundancia,
pero la realidad es que solo es un tributo a lo ameno
y craso rechazo a la novel ignorancia.
donde como mucho la división era un nicho.
Lugar donde se te veía por tu sincera intención
y no por lo que piensan que has dicho.
Reino donde el compás apuntaba al norte
y pocos pregonaban palabras de descenso.
Los que lo hacían recibiendo mínimo soporte,
ya que el mar del optimismo era vasto y denso.
Existían problemas, para nada era perfecto,
pero cada cosa tenía su justo lugar.
Se celebraba lo bueno y su buen efecto
y se dudaba cuando había que dudar.
Cada situación se trataba como jugar ajedrez,
sin extremismo, cinismo o nihilismo.
Con la paciencia de un santo o tal vez de diez,
buscando soluciones dentro de uno mismo.
Cada cosa en el mundo se usaba para construir,
cada impulso creativo era escuchado.
Ya que en lugar de reemplazar y destruir
los transmutaban como alquimista inspirado.
Poco queda de aquel reino sereno
y dirán que es nostalgia, mi rima en abundancia,
pero la realidad es que solo es un tributo a lo ameno
y craso rechazo a la novel ignorancia.