Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Se mantuvieron a raya,
o se descolgaron por las franjas, las brisas silvestres o las muecas celestes,
de aguas y ríos, contornos erguidos,
se vistieron de lluvias o llegaron con atroces calores derretidos,
derretidores, repetidores de señales,
envoltorios,
todas las miradas puestas en las frecuencias,
cuando estan las flors tendidas tomando sol abrasador,
en este Santiago cibernético, repleto de máquinas abrasadas,
flujos de gentes que no salen de vacaciones,
y esos fines de semana, lánguidos desiertos, en páramos de avenidas,
que sortean veraneantes,
que salen circundantes,
arrasando autopistas circulan en atropellos de moles de autos,
de autos en buses rodando y rodando,
camellos de juguete con cuerda de gasolina,
con tórridos semblantes de huellas y cansancio,
de noche, veraneantes en las selvas de Santiago,
de muñecas que recorren, de muñecas que buscan,
al tío escafrandra o a la tía movimiento,
de bruces en el río,
saltando metros,
corriendo en el Mapocho mugriento y adormecido,
por este calor que se escapa,
que se espanta,
que se esparce,
y que cae en anaqueles, circundantes,
circuncidantes.
o se descolgaron por las franjas, las brisas silvestres o las muecas celestes,
de aguas y ríos, contornos erguidos,
se vistieron de lluvias o llegaron con atroces calores derretidos,
derretidores, repetidores de señales,
envoltorios,
todas las miradas puestas en las frecuencias,
cuando estan las flors tendidas tomando sol abrasador,
en este Santiago cibernético, repleto de máquinas abrasadas,
flujos de gentes que no salen de vacaciones,
y esos fines de semana, lánguidos desiertos, en páramos de avenidas,
que sortean veraneantes,
que salen circundantes,
arrasando autopistas circulan en atropellos de moles de autos,
de autos en buses rodando y rodando,
camellos de juguete con cuerda de gasolina,
con tórridos semblantes de huellas y cansancio,
de noche, veraneantes en las selvas de Santiago,
de muñecas que recorren, de muñecas que buscan,
al tío escafrandra o a la tía movimiento,
de bruces en el río,
saltando metros,
corriendo en el Mapocho mugriento y adormecido,
por este calor que se escapa,
que se espanta,
que se esparce,
y que cae en anaqueles, circundantes,
circuncidantes.