Otoño silencioso,
Deshoja lentamente calendarios,
El invierno atisba
En nívea expresión de una mirada,
Aquel suspiro sin rumbo, ventisca helada,
Entumece las papilas del sufrimiento
Y el dolor no sabe a nada.
Degustando ya la salinidad de tus ojos,
Cual aguacero se derraman,
Agrietando la erosionada piedra de tu corazón,
Nada siento, nada pienso,
Mientras manos recorren arado el campo de la piel,
Surcos rasguñados en tropel,
Como recuerdo de la garras de tu ser,
De tu liquida existencia de sangre y miel.
En ese mar negro de recuerdos,
Ondeado por gritos y aletargados latidos,
Donde ahogo el rostro inexpresivo,
Estanco en coágulos y cristales sin brillo.
Allí esta tu sonrisa,
Agolpada en mi memoria,
Presidiaria de mis manos,
Abarrotada entre mis dedos,
Sonriéndole a la sombra y a la luna q no alcanza.
Ni el despojo de mi carne mutilada
Que va perdiendo su color,
Atragantando el sueño inadvertido
En un espeso coagulo de dolor,
Rememorando pesadamente
Aquella trunca trama de tu ilusión.
Deshoja lentamente calendarios,
El invierno atisba
En nívea expresión de una mirada,
Aquel suspiro sin rumbo, ventisca helada,
Entumece las papilas del sufrimiento
Y el dolor no sabe a nada.
Degustando ya la salinidad de tus ojos,
Cual aguacero se derraman,
Agrietando la erosionada piedra de tu corazón,
Nada siento, nada pienso,
Mientras manos recorren arado el campo de la piel,
Surcos rasguñados en tropel,
Como recuerdo de la garras de tu ser,
De tu liquida existencia de sangre y miel.
En ese mar negro de recuerdos,
Ondeado por gritos y aletargados latidos,
Donde ahogo el rostro inexpresivo,
Estanco en coágulos y cristales sin brillo.
Allí esta tu sonrisa,
Agolpada en mi memoria,
Presidiaria de mis manos,
Abarrotada entre mis dedos,
Sonriéndole a la sombra y a la luna q no alcanza.
Ni el despojo de mi carne mutilada
Que va perdiendo su color,
Atragantando el sueño inadvertido
En un espeso coagulo de dolor,
Rememorando pesadamente
Aquella trunca trama de tu ilusión.