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Pereza (serie Pecados Capitales)

Francisco Redondo Benito

Moderador/enseñante del subforo de MÉTRICA y RIMA
Seamos perezosos en todas las cosas, excepto al amar y al beber, excepto al ser perezosos.

LESSING[1]

A este séptimo mal llego cansado,
y comienzo le doy con un bostezo.
Y si no me espabilo y desperezo
poca cuenta he de dar de tal pecado.

Ya Paul, yerno de Marx, le encontró el lado
benéfico al desmayo con que empiezo
un soneto que apenas enderezo:
“EL TRABAJO OBSESIVO Y ALIENADO …”

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

He llegado tan lejos – me parece –
en la meditación de la indolencia
que un buen descanso el cavilar merece.

Las cosas hay que hacerlas a conciencia …
y no doy más de mí. Lo dejo en trece.



[1] Citado en cabecera del primer capítulo de “El derecho a la pereza” de Paul Lafargue, yerno de Carlos Marx.
 
Líneas instructivas que nos dejan una balanza digna de ser meditada.

Gracias Francisco por compartir tu versar.

Un abrazo

La obsesión compulsiva por el trabajo que domina nuestras sociedades - muy lejos del proceder "natural de los hombres primitivos, que trabajaban no más de dos horas diarias - parece que tuvo origen en el pensamiento puritano, que creía en la Predestinación del hombre. Según esta el hombre nacía salvado o condenado de antemano, sin que sus buenas o malas obras fueran suficientes para cambiar ese destino predeterminado. Parecería que tal situación habría de llevar al hombre al fatalismo y a la inacción ya que hiciera lo que hiciera no llegaría a cambiar su condena o salvación; sin embargo había un truco decisivo: el hombre tenía su destino preconfigurado, pero ignoraba cual sería tal destino, es decir, nadie sabía si era de los "buenos" o de los "malos". Y la reacción del puritano en esas condiciones era muy lógica: necesitaba probarse a sí mismo constantemente que pertenecía al grupo de los elegidos, y para ello practicaba muy rigurosamente las normas morales que su sociedad entendía como buenas (lo que no quiere decir que lo fueran en todo tiempo o lugar sino tal como ellos las entendían allí y entonces) para garantizarse ante sí mismo ser persona de bien, y TRABAJABA OBSESIVAMENTE para demostrarse mediante su prosperidad y éxito social ser asimismo de los BUENOS. Esto se lo leí creo que a Erich From, que veía en esta actitud el gérmen de la moderna acumulación.
Otros piensan o pensamos que trabajar más allá de lo necesario para vivir moderadamente y criar y educar a los hijos conduce a no dejar espacio ni oportunidad a otros para hacerlo, y va en contra de la fraternidad y la solidaridad universales. Y así nos va: 925 millones de personas padecían hambre en 2010 y 175 millones de niños menores de 5 años en el mundo sufrían retraso en su crecimiento a causa de su desnutrición, todo ello según informe oficial de la FAO; y mientras tanto otros siguen acumulando y acumulando de manera irracional e insolidaria, e impiden el desarrollo de otros países por todos los medios para garantizar su monopolio.
En fin, CésarFco, que me he enrrollado ... pero por una buena causa.
Gracias y un abrazo,
 
Es un excelente trabajo, grandiosa poesía.

Muchas gracias, Jorge. Aunque grandiosa, grandiosa ... quizá sea excesivo. Lo es sin duda - excesivo-, pero uno no va a poner pegas a elogios, sino que ha de agradecerlos humildemente.

Las cosas hay que hacerlas, mal pero hacerlas.

Te confieso que no entiendo bien tu afirmación, y lo que creo entender no me convence.
El hombre, el ser humano ha hecho y hace cosas malas, monstruosas con demasiada frecuencia; y generalmente hace cosas de manera irreflexiva y sin ponderar las consecuencias a medio o largo plazo. Y así nos va a santos y a pecadores. No, antes de hacer muchas cosas de las que se hacen o han hecho habría que haberlo pensado bien, haber pensado en todos los demás y haber pensado en las consecuencias; y si aún seguía pidiéndolo el cuerpo, podrían haberse cortado la mano pecadora ... o la lengua o la cabeza. En cualquier caso, filosofía por filosofía me atrae más la de aquel proverbio de mi admirado don Antonio (Machado):

"Despacito y buena letra:
el hacer las cosas bien
importa más que el hacerlas".

Un saludo, Jorge,
 
Última edición:
Muy bien descrita la pereza, hasta con el inacabado soneto. Fantástico.
Un saludo madrileño y lluvioso.

Muchas gracias, Salerín. No sé si estará bien descrita, pero lo cierto es que ¡medió una galvana!, que con solo pensarlo vuelvo a buscar la tumbona ¡ja, ja ,ja!
Otro para ti desde este mismo Madrid que compartimos y que, por cierto, necesitado estaba de los aguaceros.
 
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