Peregrina de senderos,
caminante sin destino,
mi alma errante en las tinieblas;
escapando a los sentidos.
5 Ni una raíz en la tierra,
ni un terruño en el camino,
no sé hacia donde voy;
ni sé de donde he venido.
Caravana de silencios,
10 acompaña a mis vestidos,
no hay besos en las llegadas;
ni abrazos en los despidos.
Siempre mi fiel compañera;
a la que yo he elegido.
15 No te busco, soledad,
porque tú, vives conmigo
Una copla que junto con una adecuada acentuación interna marca un lento ritmo melódico, roto parcialmente en la última estrofa, deja este ritmo una sensación de paso del tiempo.
El tema de la soledad expuesto de una cierta forma conversacional, en cuatro estrofas:
En la primera se expone el alma, en un aparente monólogo interior.
En la segunda, la tierra y la falta de arraigo.
En la tercera, falta de entendimiento, cariño con los allegados.
Y en la cuarta, la complicidad, con una soledad, que aunque forzosa parece bien vivida.
Todo ello forma un conjunto que da sensación de fortaleza de espíritu, ya que no deja el poema entrever ni un solo lamento ni sollozo, a pesar de la dureza de las tres primeras estrofas, se tratan los temas con una aparente frialdad, con cierta distancia. Como si una meditación previa hubiera ya dejado las cosas muy claras en un mundo interior respecto al exterior.
Opino que es un poema redondo nada sobra, nada falta, toca temas trascendentales con un lenguaje natural, de forma corta pero intensa, a destacar los versos 5, 11 y 12 por sencillos pero rotundos y con mucha fuerza; la forma y el fondo se acompañan, si acaso peca de flojera, quizá de explícita, la última estrofa.
Este tipo de poesía tan cercana a lo humano, siempre me recuerda a Gloria Fuertes que solía lamentarse sin lamentarse era especialista en la soledad hardcore y la salvaba con pequeños poemillas monólogos, aquí te dejo uno:
INCOMUNICACION
No es lo que nos pasa,
es lo que no nos pasa
lo que duele y separa.
Un saludo paisana,
Miguel