Armando Gómez
Poeta recién llegado
Y nos encontramos en un sueño, vagando en un bosque más inestable que nuestro divagar.
Juntos en el rodaje de un idilio tan inexacto como envolvente.
La película de dos extranjeros,(uno medio residente)
Dirigidos por la implosión de lo abstracto.
Con la actuación impecable del teatro vacío,
nos peleabamos por la cámara de la inconciencia, y hacíamos planos del sitio con las estética de un falso documental.
Con imágenes tan orgánicas que casi nos hacían olvidar lo distantes que estábamos de lo orgánico, mientras lo palpable carecía de vicio.
En la infame secuencia de un espacio-tiempo, absurdo y flexible,miramos un tronco rojo, sénil y vigoroso a la vez
Que en su incortéz corteza irradiaba cada una de nuestras distorsiones metales, las más sacralizadas y puras.
Una belleza solo comparable con la incapacidad decorada del ser humano por crear desde la más inconcebible extensión neuronal, un paisaje semántico.
Inciamos la secuencias de una especie de rito, sin protocolos dogmáticos y con una solemnidad satírica,
Eeramos unos bufones con las máscaras y el sentir de chamanes antiguos, prendimos una hoguera donde quemamos frívolamente nuetros cuerpos cascarudos.
Armamos unos pinchos de carne sasonados con desnudez, y la diosa de la comedia nos dío el diccionario de nuestro idioma.
Creció en nuestro hilo una sobrecogedora manía de irnos en cada conversación por las ramas, y con nuestra magia indomable formamos una casa del árbol.
Un hogar de roble, de un color que mi inutilidad al describir colores,
me limita a decir que era un marrón oscuro,
de esos marrones que expresaba el hombre paleolítico.
El primitivo mirar de "eso", en sus cuevas cosmopolitas.
Esa casa era una obra secuencial de Monét, probablemente con una fiebre vespertina.
Una barbaridad de imágenes con títulos de pinturas impresionistas.
Y en la prórroga de mi último letargo detallé los mejores nombres.
"Un pájaro sordo en el cuenco"
"Un pintor manco mirando unlienzo"
"Un niño en un columpio gris"
...[zzzzzzz]
Y en otro despertar insomne, mi paz solamente desea que el niño, el pájaro o el pintor
tengan el placer,
decepción o desvanecimiento
de probar la savia de ese intermitente pedazo de madera rígido,
que hoy inquieto de algo que me vive, hago el intento de memorar.
Juntos en el rodaje de un idilio tan inexacto como envolvente.
La película de dos extranjeros,(uno medio residente)
Dirigidos por la implosión de lo abstracto.
Con la actuación impecable del teatro vacío,
nos peleabamos por la cámara de la inconciencia, y hacíamos planos del sitio con las estética de un falso documental.
Con imágenes tan orgánicas que casi nos hacían olvidar lo distantes que estábamos de lo orgánico, mientras lo palpable carecía de vicio.
En la infame secuencia de un espacio-tiempo, absurdo y flexible,miramos un tronco rojo, sénil y vigoroso a la vez
Que en su incortéz corteza irradiaba cada una de nuestras distorsiones metales, las más sacralizadas y puras.
Una belleza solo comparable con la incapacidad decorada del ser humano por crear desde la más inconcebible extensión neuronal, un paisaje semántico.
Inciamos la secuencias de una especie de rito, sin protocolos dogmáticos y con una solemnidad satírica,
Eeramos unos bufones con las máscaras y el sentir de chamanes antiguos, prendimos una hoguera donde quemamos frívolamente nuetros cuerpos cascarudos.
Armamos unos pinchos de carne sasonados con desnudez, y la diosa de la comedia nos dío el diccionario de nuestro idioma.
Creció en nuestro hilo una sobrecogedora manía de irnos en cada conversación por las ramas, y con nuestra magia indomable formamos una casa del árbol.
Un hogar de roble, de un color que mi inutilidad al describir colores,
me limita a decir que era un marrón oscuro,
de esos marrones que expresaba el hombre paleolítico.
El primitivo mirar de "eso", en sus cuevas cosmopolitas.
Esa casa era una obra secuencial de Monét, probablemente con una fiebre vespertina.
Una barbaridad de imágenes con títulos de pinturas impresionistas.
Y en la prórroga de mi último letargo detallé los mejores nombres.
"Un pájaro sordo en el cuenco"
"Un pintor manco mirando unlienzo"
"Un niño en un columpio gris"
...[zzzzzzz]
Y en otro despertar insomne, mi paz solamente desea que el niño, el pájaro o el pintor
tengan el placer,
decepción o desvanecimiento
de probar la savia de ese intermitente pedazo de madera rígido,
que hoy inquieto de algo que me vive, hago el intento de memorar.
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