Abel de la Vega
Poeta recién llegado
Perdido
Levanto las manos, y no son mías,
estás no cierran para sostener,
ni siquiera se inmutan por hacer,
vanas, tristes y vorazmente frías
Al abrir los ojos al alba, no soy,
sin voluntad para los sueños.
Falto de valentía.
El sendero que recorro es,
y hoy mi ruta no existe.
Extraviado en mis pies.
Pero en el sentido del día a día,
aguardo por que sea el último,
esperando a que mi gloria volvería.
La soledad que traje inpregnada
parece quedarse en mis pupilas.
Oscuridad en mi mirada.
Susurro en mi alma por hacer,
llenarse de aliento y osadía,
y cada vez escucho más nada.
Levanto las manos, y no son mías,
estás no cierran para sostener,
ni siquiera se inmutan por hacer,
vanas, tristes y vorazmente frías
Al abrir los ojos al alba, no soy,
sin voluntad para los sueños.
Falto de valentía.
El sendero que recorro es,
y hoy mi ruta no existe.
Extraviado en mis pies.
Pero en el sentido del día a día,
aguardo por que sea el último,
esperando a que mi gloria volvería.
La soledad que traje inpregnada
parece quedarse en mis pupilas.
Oscuridad en mi mirada.
Susurro en mi alma por hacer,
llenarse de aliento y osadía,
y cada vez escucho más nada.
Abel de la Vega