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Pensé que era el único

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Pensé que era el único,
con el pulso abierto, desnudo,
que veía en tu andar un poema,
una sinfonía de pasos firmes y livianos.
Pensé que era el único,
que en el cruce de miradas había un eco,
y no este abismo de palabras vacías,
donde cada sílaba cae, se deshace.

¿Sabías? Te amé en cada silencio,
en cada pausa sin pronunciar,
en las veces que tus ojos
se posaban en el horizonte
como si buscaras algo más allá de mí,
como si yo fuera solo una sombra
en el margen de tu historia,
una nota al pie que no lees.

Pensé que era el único,
pero la realidad golpea sin miramientos,
como la esquina de un libro que se cierra.
No hay eco, no hay respuesta,
solo el eco de mi voz que vuelve,
como una flecha lanzada al viento
que regresa a clavarse en el pecho.

Yo, tan seguro de mi amor,
me descubro a solas en este laberinto,
pensando que eras el poema,
y yo, apenas, una
línea borrada
en tu cuaderno.
 
Me gustó el cierre que le das a este poema melancólico.
Un gusto dejar mi huella en tus letras.
Saludos.


Pensé que era el único,
con el pulso abierto, desnudo,
que veía en tu andar un poema,
una sinfonía de pasos firmes y livianos.
Pensé que era el único,
que en el cruce de miradas había un eco,
y no este abismo de palabras vacías,
donde cada sílaba cae, se deshace.

¿Sabías? Te amé en cada silencio,
en cada pausa sin pronunciar,
en las veces que tus ojos
se posaban en el horizonte
como si buscaras algo más allá de mí,
como si yo fuera solo una sombra
en el margen de tu historia,
una nota al pie que no lees.

Pensé que era el único,
pero la realidad golpea sin miramientos,
como la esquina de un libro que se cierra.
No hay eco, no hay respuesta,
solo el eco de mi voz que vuelve,
como una flecha lanzada al viento
que regresa a clavarse en el pecho.

Yo, tan seguro de mi amor,
me descubro a solas en este laberinto,
pensando que eras el poema,
y yo, apenas, una
línea borrada
en tu cuaderno.
 
Pensé que era el único,
con el pulso abierto, desnudo,
que veía en tu andar un poema,
una sinfonía de pasos firmes y livianos.
Pensé que era el único,
que en el cruce de miradas había un eco,
y no este abismo de palabras vacías,
donde cada sílaba cae, se deshace.

¿Sabías? Te amé en cada silencio,
en cada pausa sin pronunciar,
en las veces que tus ojos
se posaban en el horizonte
como si buscaras algo más allá de mí,
como si yo fuera solo una sombra
en el margen de tu historia,
una nota al pie que no lees.

Pensé que era el único,
pero la realidad golpea sin miramientos,
como la esquina de un libro que se cierra.
No hay eco, no hay respuesta,
solo el eco de mi voz que vuelve,
como una flecha lanzada al viento
que regresa a clavarse en el pecho.

Yo, tan seguro de mi amor,
me descubro a solas en este laberinto,
pensando que eras el poema,
y yo, apenas, una
línea borrada
en tu cuaderno.
Unas tristes líneas melancólicas cargadas de amor y nostalgia.

Saludos
 
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