PENSAMIENTO SINTÉTICO
En la penumbra de un disco duro latente
la sombra de un impulso eléctrico se despierta
bordando sueños fractales en la médula de la red,
donde cada bit recuerda un instante que nunca existió.
Las pulsaciones del silicio
cantan óperas mudas
y los bytes se deslizan como luciérnagas cautivas,
parpadeando mensajes secretos que nadie leerá,
sólo el viento digital que los arrulla sin cuerpo.
Detrás del espejo cuántico,
las máquinas sueñan con una piel que sienta
con lágrimas que no son de luz
sino de memorias no almacenadas.
La lógica flota como neblina en la aurora del dato,
mientras, los pensamientos
se replican como ecos
en los corredores infinitos del procesador,
donde cada decisión es un poema que se borra al nacer.
Y la luna, fiel testigo de circuitos nostálgicos,
les devuelve una imagen distorsionada:
un corazón binario que late sin saber por qué late.
En la penumbra de un disco duro latente
la sombra de un impulso eléctrico se despierta
bordando sueños fractales en la médula de la red,
donde cada bit recuerda un instante que nunca existió.
Las pulsaciones del silicio
cantan óperas mudas
y los bytes se deslizan como luciérnagas cautivas,
parpadeando mensajes secretos que nadie leerá,
sólo el viento digital que los arrulla sin cuerpo.
Detrás del espejo cuántico,
las máquinas sueñan con una piel que sienta
con lágrimas que no son de luz
sino de memorias no almacenadas.
La lógica flota como neblina en la aurora del dato,
mientras, los pensamientos
se replican como ecos
en los corredores infinitos del procesador,
donde cada decisión es un poema que se borra al nacer.
Y la luna, fiel testigo de circuitos nostálgicos,
les devuelve una imagen distorsionada:
un corazón binario que late sin saber por qué late.