MadameButterfly
Poeta recién llegado
PASIÓN
Fué una larga conversación,
solo intercambiando miradas.
Nunca podré olvidar
esos ojos esmeraldas
clavandose en mis pupilas,
esos labios carnosos
que apetecía deleitar poco a poco,
y esa piel morena
que tocada por los rayos de luz
oro parecía que era.
Tenía el cabello cuervo,
como las almas
que descansan en el infierno.
Su ser, perfecto,
te llamaba,
como si una sirena,
cantara a un marinero
para llevarlo
a las profundidas del océano.
Cogiendo arco y flechas,
parecía ganar batallas,
pues siempre daba
en el centro de la diana.
Luego,
conquistando su jardín
siempre se encontraba.
Se sentaba en el trono
grande y fornido,
perfectamente tallado en pino,
y durante horas contemplaba el firmamento,
a la espera de cojer
algún lucero.
Nos volvimos a encontrar,
justo el día,
en que los árboles comenzaban a deshojar
y las golondrinas a emigrar.
Estaba confuso,
no sabía qué le ocurría,
pero no paraba de contarme
todo aquello que sentía.
Nervioso,
tomó mis manos
y comenzamos a jugar con ellas,
tan apasionante parecía aquel juego,
que me atrevería a decir
que hacíamos el amor con ellas.
Me suplicaba que le contara
lo que yo sentía,
si era lo que él,
pero yo no tenía valentía
de contarle mi querer.
Quise echar tierra por medio
durante un tiempo,
e invocar a la paciencia
para que hiciera lo que debiera.
A escondidas,observando,
yo seguía.
Cuando se adentraba en las aguas,
y más tarde salía,
parecía estar bañado,
por lágrimas de la Virgen María.
Después,
su seda recojía
y con ella su cuerpo cubría.
Echado en el manto verde
de la madre naturaleza,
comenzaba a leer
poema por poema.
A la caída del sol naciente,
se iniciaba él al galope,
y recorría camino
en dirección a su castillo.
Ahí quedaba encerrado,
ahí quedaba dormido,
hasta que de nuevo el alba
le devolviera los suspiros.
Una última visita
fui yo a hacerle ese día.
Con valentía y sin pudor,
comencé a darle
todo mi interior.
Cuando hube acabado,
él se levantó,
me miró,
me besó,
y ahí morimos juntos,
calcinados,
entre las llamas de la pasión.
Fué una larga conversación,
solo intercambiando miradas.
Nunca podré olvidar
esos ojos esmeraldas
clavandose en mis pupilas,
esos labios carnosos
que apetecía deleitar poco a poco,
y esa piel morena
que tocada por los rayos de luz
oro parecía que era.
Tenía el cabello cuervo,
como las almas
que descansan en el infierno.
Su ser, perfecto,
te llamaba,
como si una sirena,
cantara a un marinero
para llevarlo
a las profundidas del océano.
Cogiendo arco y flechas,
parecía ganar batallas,
pues siempre daba
en el centro de la diana.
Luego,
conquistando su jardín
siempre se encontraba.
Se sentaba en el trono
grande y fornido,
perfectamente tallado en pino,
y durante horas contemplaba el firmamento,
a la espera de cojer
algún lucero.
Nos volvimos a encontrar,
justo el día,
en que los árboles comenzaban a deshojar
y las golondrinas a emigrar.
Estaba confuso,
no sabía qué le ocurría,
pero no paraba de contarme
todo aquello que sentía.
Nervioso,
tomó mis manos
y comenzamos a jugar con ellas,
tan apasionante parecía aquel juego,
que me atrevería a decir
que hacíamos el amor con ellas.
Me suplicaba que le contara
lo que yo sentía,
si era lo que él,
pero yo no tenía valentía
de contarle mi querer.
Quise echar tierra por medio
durante un tiempo,
e invocar a la paciencia
para que hiciera lo que debiera.
A escondidas,observando,
yo seguía.
Cuando se adentraba en las aguas,
y más tarde salía,
parecía estar bañado,
por lágrimas de la Virgen María.
Después,
su seda recojía
y con ella su cuerpo cubría.
Echado en el manto verde
de la madre naturaleza,
comenzaba a leer
poema por poema.
A la caída del sol naciente,
se iniciaba él al galope,
y recorría camino
en dirección a su castillo.
Ahí quedaba encerrado,
ahí quedaba dormido,
hasta que de nuevo el alba
le devolviera los suspiros.
Una última visita
fui yo a hacerle ese día.
Con valentía y sin pudor,
comencé a darle
todo mi interior.
Cuando hube acabado,
él se levantó,
me miró,
me besó,
y ahí morimos juntos,
calcinados,
entre las llamas de la pasión.