danie
solo un pensamiento...
Mi cuerpo se agazapa
en el trance de los sentidos,
glándulas gustativas de sabor purpúreo,
artefactos de quiromancías
que hayan la luz de un hado
en la silueta y sus sombras perfectas.
Mi pecho se torna un cíclope
músculo que inhala los aromas perniles
del néctar del incienso,
surca con su único ojo los límites
y las márgenes de los afables belfos.
Estameñas,
torzales y hebras doradas
que tremolan
en las arenas de la noche
del madrigal,
suspiros y roces de miel de los manantiales
que desvisten los senos de Tiresias,
gemidos de la Mona Lisa
con un da Vinci que culmina en plectro
y los rascacielos pintados por Miguel Ángel
con sus legiones de musas femíneas.
Rímel
de parpados con esmalte de una aurora
y rush de porcelanas de carnazas lascivas,
bramidos de cien gargantas
que cantan como cigarras rubias
en un bastión colosal
de desnudas anatomías.
Pictórica piel al óleo
de un Van Gogh
escultor de fuegos ebúrneos
sobre los oteros del Parnaso
que se funden
en una ráfaga de Picasso.
Rugen las cimas,
sus vértices
y pináculos
con los cogollos de una deidad fecunda
de mies para un bejuco devoto
del baldío suelo.
Mi pasión que se ensancha
y vuela con alas cerúleas
de cisnes nevados,
como un cielo encumbrado
por oasis de olivas.
Vista paradisíaca del sempiterno
sueño de un seráfico deseo
y la pasión de Gioconda pernoctada
en la litera del plenilunio
de un ferviente anhelo