Henry Miller
Poeta recién llegado
La tetera silbando
y los tragos lentos,
que nos permiten cruzar
la insípida mañana,
con sus amenazas
y sus escasos goces.
Los pies descalzos pero todavía
ingenuos
del niño que fui y que miró por la ventana
buscando un sueño,
eso que te hace andar
y creer en héroes y doncellas de papel
en juguetes
que te acercarán al cielo.
Vivimos por esas redes etéreas
que el cerebro recrea
por esas manzanas perfectas
que ni manzanas son
sino algo que es más vida
que la vida misma.
La víscera alentada por el ángel
por el alba atrapada en algún sueño,
impulsa el paso
por la escalera curva
donde en cada esquina espera
el gato de Cheshire,
engatusándonos,
hacia el siguiente paso.
La última palabra
jamás dicha
y cuyo eco
aún buscamos,
mendigos del alba,
tropiezos de Dios
o dioses sin valor
para habitar la vida,
la sola vida,
terrena y burda.
dura como el pan del marinero
pero limpia de ilusiones.
y los tragos lentos,
que nos permiten cruzar
la insípida mañana,
con sus amenazas
y sus escasos goces.
Los pies descalzos pero todavía
ingenuos
del niño que fui y que miró por la ventana
buscando un sueño,
eso que te hace andar
y creer en héroes y doncellas de papel
en juguetes
que te acercarán al cielo.
Vivimos por esas redes etéreas
que el cerebro recrea
por esas manzanas perfectas
que ni manzanas son
sino algo que es más vida
que la vida misma.
La víscera alentada por el ángel
por el alba atrapada en algún sueño,
impulsa el paso
por la escalera curva
donde en cada esquina espera
el gato de Cheshire,
engatusándonos,
hacia el siguiente paso.
La última palabra
jamás dicha
y cuyo eco
aún buscamos,
mendigos del alba,
tropiezos de Dios
o dioses sin valor
para habitar la vida,
la sola vida,
terrena y burda.
dura como el pan del marinero
pero limpia de ilusiones.