Martín Renán
Poeta adicto al portal
Digamos,
qué perdón carga una cruz
.
.
.
En casa, el dolor está
todavía se siente;
el estrés abraza memorias,
grita, de cuerpo y alma,
y sabe
de cómo maldeciré en silencio.
Y,
Como el día, arrastra otro día,
y el siguiente
muere de adiós, y de misterio
pero nunca perdonar en el acto.
Aquí,
en esta tierra, también,
el odio estremece, conmueve,
entonces,
la esquina que conozco
aprendió a rezar contra mi voluntad.
¿Sabes que vine antes?
Olvídalo,
será el mismo secreto
que ha de perseguirnos siempre.
Y porque vienes a oprimirme:
lo malo que hay en mí
te ha salvado de milagro.
qué perdón carga una cruz
.
.
.
En casa, el dolor está
todavía se siente;
el estrés abraza memorias,
grita, de cuerpo y alma,
y sabe
de cómo maldeciré en silencio.
Y,
Como el día, arrastra otro día,
y el siguiente
muere de adiós, y de misterio
pero nunca perdonar en el acto.
Aquí,
en esta tierra, también,
el odio estremece, conmueve,
entonces,
la esquina que conozco
aprendió a rezar contra mi voluntad.
¿Sabes que vine antes?
Olvídalo,
será el mismo secreto
que ha de perseguirnos siempre.
Y porque vienes a oprimirme:
lo malo que hay en mí
te ha salvado de milagro.