Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Sirven para desdoblar la semana,
para estirarla como un hilo flojo
que apenas aguanta los días cargados.
Los jueves son los puentes del cansancio,
la tregua muda entre el lunes que te muerde
y el viernes que te invita a volar.
Sirven para arrastrar las horas con pereza,
con ese sabor a intermedio, a casi, a todavía no.
Son el rincón tibio del calendario,
ni heroico ni efímero,
solo un respiro que no pide ser celebrado.
Los jueves son la pausa de los soñadores,
la estación donde nadie baja
y todos miran por la ventana.
Sirven para perder el tiempo
o para encontrarlo sin querer,
en un café tibio, en un libro a medio leer,
en un suspiro robado entre reuniones.
En los jueves cabe la duda,
caben las ganas pequeñas
y el bostezo largo de quien espera.
Son para aquellos que buscan sin saber qué,
para los que caminan lento
porque apresurarse no tiene sentido.
¿Para qué sirven los jueves?
Para recordar que estamos vivos,
que el mundo sigue girando aunque nadie lo celebre.
Sirven para ser intrascendentes,
y en esa intrascendencia,
hallar un poco de paz.
para estirarla como un hilo flojo
que apenas aguanta los días cargados.
Los jueves son los puentes del cansancio,
la tregua muda entre el lunes que te muerde
y el viernes que te invita a volar.
Sirven para arrastrar las horas con pereza,
con ese sabor a intermedio, a casi, a todavía no.
Son el rincón tibio del calendario,
ni heroico ni efímero,
solo un respiro que no pide ser celebrado.
Los jueves son la pausa de los soñadores,
la estación donde nadie baja
y todos miran por la ventana.
Sirven para perder el tiempo
o para encontrarlo sin querer,
en un café tibio, en un libro a medio leer,
en un suspiro robado entre reuniones.
En los jueves cabe la duda,
caben las ganas pequeñas
y el bostezo largo de quien espera.
Son para aquellos que buscan sin saber qué,
para los que caminan lento
porque apresurarse no tiene sentido.
¿Para qué sirven los jueves?
Para recordar que estamos vivos,
que el mundo sigue girando aunque nadie lo celebre.
Sirven para ser intrascendentes,
y en esa intrascendencia,
hallar un poco de paz.