NIÑA DE TIERRA
Poeta fiel al portal
Las comunicaciones con lo real se han interrumpido y ahora,
envuelta por el olor de la propia locura y nada más,
sólo alcanzo a percibir los sentimientos dementes que,
confundidos desde el escarbado interior,
balbucean locos lo primero que se les ocurre,
ya no tienen coherencia.
¡Y revientan por los poros agotados
tambaleantes intentos por saciarlos,
por saciar la proclama de lo demente y lo torcido!
Pero es el único Dios al que todavía obedezco,
con los pies incrustados de piedras y abrojos.
Allí he clavado las uñas,
y en ése pozo de negro hielo
he dejado caer la sangre,
descolorida y fría de mis apretados puños.
Ya no intento retener nada,
ya no intento encontrar nada más
que la tierna indiferencia del silencio.
Quiero deshacerme de todo lo que me vuelve yo,
quiero entregar aquello que siempre retuve y parasitó mi alma,
quiero perder mi espíritu
y ser encontrada por el vacío abandonado
de aquellos que siempre lo quisieron todo.
Cuando el híbrido veneno te consume enteramente,
ya no te queda nada por conservar y reproducir,
salvo el ápice de coherencia que te dice
¡abandónalo todo!
junto con el leve hilo de razón que lo escucha.
envuelta por el olor de la propia locura y nada más,
sólo alcanzo a percibir los sentimientos dementes que,
confundidos desde el escarbado interior,
balbucean locos lo primero que se les ocurre,
ya no tienen coherencia.
¡Y revientan por los poros agotados
tambaleantes intentos por saciarlos,
por saciar la proclama de lo demente y lo torcido!
Pero es el único Dios al que todavía obedezco,
con los pies incrustados de piedras y abrojos.
Allí he clavado las uñas,
y en ése pozo de negro hielo
he dejado caer la sangre,
descolorida y fría de mis apretados puños.
Ya no intento retener nada,
ya no intento encontrar nada más
que la tierna indiferencia del silencio.
Quiero deshacerme de todo lo que me vuelve yo,
quiero entregar aquello que siempre retuve y parasitó mi alma,
quiero perder mi espíritu
y ser encontrada por el vacío abandonado
de aquellos que siempre lo quisieron todo.
Cuando el híbrido veneno te consume enteramente,
ya no te queda nada por conservar y reproducir,
salvo el ápice de coherencia que te dice
¡abandónalo todo!
junto con el leve hilo de razón que lo escucha.