BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mariposas blancas
espacios suculentos
nocivos toriles
de espartos y candiles
constituidos. Oh
vientre despojado
de todo insecto, señuelo
impuesto, por la perfección
del dueño. Oh
bálsamo o locura, circunspección
clarividente, elocuencia circular.
Lúcida mirada, trémulos árboles,
con sus partidas divisiones, átomos
dispersos por las ramas y ramajes.
Amplios territorios, de saliva
y emancipación de caracteres,
liberando secuencias de olfato
en terrenos querenciosos. Oh
espanto de lo vespertino, anido
sobre manchas opacas de pintura
y ánade, caminando, de espaldas
al circuito de mis especulaciones.
Tremenda consecuencia, la de
teorizar sin causa alguna.
Es el árbol detenido que asciende
y es el cielo azul quien lo detiene.
En principio, nada vulgar, obsequiosamente
reconstruido el lienzo misterioso.
Navego sobre las columnas de un pliego
que enardece mis comitivas y, puestos a
sincerarnos, detesto mi complacencia
con los peregrinos autóctonos.
Círculo espacioso donde el alacrán
bendice su escrupulosa determinación,
el alcotán desciende cabello abajo,
los luteranos invaden el templo
con su pretendida efervescencia rítmica.
Llevo diez vidas profiriendo gritos
escucho las salivas los andamios de los constructores,
de las emulsiones paralizantes
de aquellos que rectificaron su corola de aire caliente.
Y en esas lágrimas me vierto, y cosifico,
y vuelvo del aire, más pleno, pletórico
y relleno. Oh fingido desinterés, de hematomas
represivos y conducciones de hígado.
Qué alcohol existe en tus farmacias?
Todavía no puedo decirlo. Son mis dedos
los espectros de este paraíso insurgente,
mis dedos arañando mis uñas, socavando
el hermoso calvario de los huertos, y ese zumo
primigenio de lo colorido como estaca
de un punto más alto.
©
espacios suculentos
nocivos toriles
de espartos y candiles
constituidos. Oh
vientre despojado
de todo insecto, señuelo
impuesto, por la perfección
del dueño. Oh
bálsamo o locura, circunspección
clarividente, elocuencia circular.
Lúcida mirada, trémulos árboles,
con sus partidas divisiones, átomos
dispersos por las ramas y ramajes.
Amplios territorios, de saliva
y emancipación de caracteres,
liberando secuencias de olfato
en terrenos querenciosos. Oh
espanto de lo vespertino, anido
sobre manchas opacas de pintura
y ánade, caminando, de espaldas
al circuito de mis especulaciones.
Tremenda consecuencia, la de
teorizar sin causa alguna.
Es el árbol detenido que asciende
y es el cielo azul quien lo detiene.
En principio, nada vulgar, obsequiosamente
reconstruido el lienzo misterioso.
Navego sobre las columnas de un pliego
que enardece mis comitivas y, puestos a
sincerarnos, detesto mi complacencia
con los peregrinos autóctonos.
Círculo espacioso donde el alacrán
bendice su escrupulosa determinación,
el alcotán desciende cabello abajo,
los luteranos invaden el templo
con su pretendida efervescencia rítmica.
Llevo diez vidas profiriendo gritos
escucho las salivas los andamios de los constructores,
de las emulsiones paralizantes
de aquellos que rectificaron su corola de aire caliente.
Y en esas lágrimas me vierto, y cosifico,
y vuelvo del aire, más pleno, pletórico
y relleno. Oh fingido desinterés, de hematomas
represivos y conducciones de hígado.
Qué alcohol existe en tus farmacias?
Todavía no puedo decirlo. Son mis dedos
los espectros de este paraíso insurgente,
mis dedos arañando mis uñas, socavando
el hermoso calvario de los huertos, y ese zumo
primigenio de lo colorido como estaca
de un punto más alto.
©