sercas812
Poeta fiel al portal
Arrastrando la madrugada álgebramente,
agacho la cabeza
turbia la víscera del tiempo girando en sus propios brazos
bocacalles de la sangre brillando mujeres,
epidérmicos trópicos
remolcando las hojas que me sufren
golpeándome de libros que vuelan marsupiales
tocándome los miedos,
fisurado como un tren hasta siempre,
cavo en la historia y escribo en los huesos como una bestia.
Afuera hace frío.
La madrugada galvaniza excrecencias de hormigón
por las sombras humanas de la noche,
ángeles, llagas de la carne
pendulan la alquimia de la alborada craneana
rompiendo alambres, prosodia del estiércol,
ciñéndose el lomo trágico.
Paradoja de símbolos y sombras
salí a la noche desnudándome
y busqué aprender la canción,
el huerto bienaventurado,
el pacto de la cláusula de la boca desdentada
allende la piedra fónica,
entreversos,
y temo la cólera tan cebo goteado-,
barreno entonces las sombras estallándome el ojo
buscándome minuendo.
Cómo crece la sonata del instinto
cuando algo se suicida en su voz de adentro,
vinagre después de cada dolor.
Así es.
Siempre se aplastan las sábanas
que se traga la muerte cada noche:
el sol clava las sombras de piedras transidas.
Ahora puedo imaginar mi propia muerte,
pequeña, pesada, burguesa,
y cómo hace falta un exorcismo
para el exilio soberbio de los días.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
agacho la cabeza
turbia la víscera del tiempo girando en sus propios brazos
bocacalles de la sangre brillando mujeres,
epidérmicos trópicos
remolcando las hojas que me sufren
golpeándome de libros que vuelan marsupiales
tocándome los miedos,
fisurado como un tren hasta siempre,
cavo en la historia y escribo en los huesos como una bestia.
Afuera hace frío.
La madrugada galvaniza excrecencias de hormigón
por las sombras humanas de la noche,
ángeles, llagas de la carne
pendulan la alquimia de la alborada craneana
rompiendo alambres, prosodia del estiércol,
ciñéndose el lomo trágico.
Paradoja de símbolos y sombras
salí a la noche desnudándome
y busqué aprender la canción,
el huerto bienaventurado,
el pacto de la cláusula de la boca desdentada
allende la piedra fónica,
entreversos,
y temo la cólera tan cebo goteado-,
barreno entonces las sombras estallándome el ojo
buscándome minuendo.
Cómo crece la sonata del instinto
cuando algo se suicida en su voz de adentro,
vinagre después de cada dolor.
Así es.
Siempre se aplastan las sábanas
que se traga la muerte cada noche:
el sol clava las sombras de piedras transidas.
Ahora puedo imaginar mi propia muerte,
pequeña, pesada, burguesa,
y cómo hace falta un exorcismo
para el exilio soberbio de los días.
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