PANORAMA DEL MAR DESDE LA NOCHE
Nace sobre el monte derramado
la curva uña lunar
convexidades siamesas
gotas de la leche sideral
unidas en los arcos cósmicos
del parto no consumado.
Derraman sobre los garzos
lentiscos perennifolios
de hojas como ojos noctámbulos
que abrevan sus miradas fijas
en la cálida desnudez
del templo hecho de rocas infames.
Parpadean como ilusiones de niño
las farolas de las grandes avenidas
Allí la luna incipiente se recoge
en piadoso duermevela
El gran gusano esquizoide
transita por la autopista amnistiada
Una pequeña cabaña da cobijo
a las pérdidas de memoria
del anciano macilento.
No hay musgo sobre las rocas
a las que Sísifo rodó
Sólo el silencio burbujeante
de los grillos eclipsados
por los ecos de saxofón
que llegan desde la lejanía oscura.
Un gallo se despereza
cómplice ya de Venus
tejiendo con su canto dislocado
los velos pudorosos
que cubrirán a las vestales de la diosa.
Amaltea exprime sus ubres
para alimentar a los amantes
que agonizan.
Las calles renuncian
al ritmo de los semáforos
a ser cómplices de las jóvenes taquígrafas
que han sido infieles gozosas
a sus perros y a sus gatos.
Luciérnagas desorientadas
sustituyen a la llama del fanal
que alumbra el faro.
En el mar parpadeante de reflejos
delfines de ubres exhuberantes
certifican su origen mediterráneo
renunciado a la publicidad de neón.
Como reverentes nebulosas
las almas de las danaides se revisten
con el manto de Selene.
Es la noche mediterránea
sólo apta para locos...
Nace sobre el monte derramado
la curva uña lunar
convexidades siamesas
gotas de la leche sideral
unidas en los arcos cósmicos
del parto no consumado.
Derraman sobre los garzos
lentiscos perennifolios
de hojas como ojos noctámbulos
que abrevan sus miradas fijas
en la cálida desnudez
del templo hecho de rocas infames.
Parpadean como ilusiones de niño
las farolas de las grandes avenidas
Allí la luna incipiente se recoge
en piadoso duermevela
El gran gusano esquizoide
transita por la autopista amnistiada
Una pequeña cabaña da cobijo
a las pérdidas de memoria
del anciano macilento.
No hay musgo sobre las rocas
a las que Sísifo rodó
Sólo el silencio burbujeante
de los grillos eclipsados
por los ecos de saxofón
que llegan desde la lejanía oscura.
Un gallo se despereza
cómplice ya de Venus
tejiendo con su canto dislocado
los velos pudorosos
que cubrirán a las vestales de la diosa.
Amaltea exprime sus ubres
para alimentar a los amantes
que agonizan.
Las calles renuncian
al ritmo de los semáforos
a ser cómplices de las jóvenes taquígrafas
que han sido infieles gozosas
a sus perros y a sus gatos.
Luciérnagas desorientadas
sustituyen a la llama del fanal
que alumbra el faro.
En el mar parpadeante de reflejos
delfines de ubres exhuberantes
certifican su origen mediterráneo
renunciado a la publicidad de neón.
Como reverentes nebulosas
las almas de las danaides se revisten
con el manto de Selene.
Es la noche mediterránea
sólo apta para locos...
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