Loco
Poeta fiel al portal
Soy palabra. He estado decidiendo durante tiempo sí dejar de ser yo, por sacrificio a causas muchas veces perdidas. Eso me ha hecho entrar en este laberinto en gran parte. Y he buscar mi identidad perdida... sin escribir no sería yo.
Sí me tuviera que definir sólo podría decir, soy palabra. Necesito escribir para barrer la basura de mi espíritu. La necesito porque es esperanza, coraje, fuerza. Transforma mi mente, mi entorno, mi vida en sí misma. Incluso creo escribo porque no me sé vestir por los pies, y con ello me siento libre de hacerlo a mi manera Por que mañana amanecerá y quiero ser yo quien le diga al sol por dónde salir. Sé que es todo una utopía, pero escribo por qué creo en los sueños y los deseos. Incluso creo en la mentira y por ello lo hago ¿No es el trabajo de un escritor contar mentiras qué se vuelven realidades? Una vez hice ver una selva en una habitación a quien estaba dispuesto a creer en ello. Una vez cree una telaraña y en ella atrapé almas de soñadores, y sus hilos eran mis letras. Escribo porque creo en la magia. Pero la realidad por desgracia es otra.
Escribir no es producto de la magia, sino de la perseverancia. Por eso muchas veces digo qué no sé escribir, pero sin hacerlo no me siento bien. Cuando esto ocurre mi mundo es un caos total, y vivo en un laberinto del cual salir me hace sufrir. Tal vez sea un placebo sin explicación lógica para el resto de los mortales, pero sé qué mi sangre es tinta, y mi cuerpo papel. La verdad respeto a todo el mundo, pero no a mí mismo muchas veces. Sé qué he de respetar mis esfuerzos. El auto respeto conduce a la auto disciplina. Cuando cuentas con estos dos factores es cuando tienes el verdadero poder Y yo siento que el poder está en las palabras. Las palabras constituyen la droga más potente que haya inventado la humanidad. Por eso me gusta sentir que por mis dedos fluye esa energía, y qué mi mente es capaz de crear de la nada mundos inexistentes, pero reales cuando alguien lo leen; es cómo ser el dueño de su mente durante ese instante en que las letras se muta en realidades sensoriales. Llamadme mandón, o lo que sea, tal vez sea cierto en este aspecto de mi personalidad. Narcótico efecto es ese que me domina, tal vez obsesión sin duda, pero creo que sin ella sería un monstruo cruel. En mis locuras seudo literarias, intento mantener a raya el horror, la tristeza, la soledad y mi propia locura; es una terapia para mí en misma qué desnuda el alma. Muchas veces me preguntan qué siento y ineludiblemente sé que lo puedo expresar realmente cuando escribo. No seduzco con el cuerpo, sería algo inútil, no poseo esa arma; es mi pluma mi alma y qué pretende embriagar de sensaciones.
Muchas veces veo a la gente que mide su riqueza por cosas efímeras, yo sé que lo único que tengo de tesoro son mis palabras. Por eso muchas veces se las he regalado a la gente que quiero, y aprecio. Muchos pensaran que sea tal vez una estrategia de seducción, y en efecto lo es, pues la seducción es una puerta que se abre para crear complicidades y sueños. Escribo por que quiero saber que es el amor y la entrega. Escribo también por que tengo miedo. Miedo de morir y de vivir en una mezcla que nos condiciona. Mis palabras retan al tiempo, y lo inevitable. Sé que por lo menos eso quedará de mí cuando sea polvo, tal vez olvidadas en un disco, o en hojas impresas de algún desván olvidado, pero que sí un día la luz las saca y unas pupilas las leen, volveré a resucitar en ese momento. Escribo para poder seguir sentirme hombre y útil. Es mi compañera de viaje la escritura, en lo que me toca aún por explorar de mí y de los demás. Y termino de divagar, con algo incoherente, pues creo que el hecho de haber el hombre tenido la suerte de contar historias, una vez y otra, fue lo que nos generó como sociedad solidaria. Además es la única ocupación que con sólo tres cosas, se puede crear maravillas eternas: un bolígrafo, papel y soledad.