prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Algunos pájaros no saben de relojes
como si presintieran que en un futuro
(no muy lejano) serán de porcelana.
Nacen para articular el frenesí de los embarcaderos
y atascan las venas del silencio.
Caracolean por la promiscuidad del destino
y pican la piedra del alma de un fantasma.
Se disfrazan de amapolas cuando reciben el beso de las balas.
Deambulan sobre las chanclas de un sueño
enlodadas en los pantanos del olvido
y rezan cuando desembocan los segundos en el orbe del llanto.
Otros tienen esa manía de chocar contra las ventanas
cuando menos te lo esperas, cuando no hay ventanas
o cuando están cerradas.
Chocan como si quisieran apuñalar lo inmaterial de tus manos,
la sombra de una caricia, su corazón de lija.
Como si las migajas de una lágrima fueran suficiente
para suplir una docena de bichos.
como si presintieran que en un futuro
(no muy lejano) serán de porcelana.
Nacen para articular el frenesí de los embarcaderos
y atascan las venas del silencio.
Caracolean por la promiscuidad del destino
y pican la piedra del alma de un fantasma.
Se disfrazan de amapolas cuando reciben el beso de las balas.
Deambulan sobre las chanclas de un sueño
enlodadas en los pantanos del olvido
y rezan cuando desembocan los segundos en el orbe del llanto.
Otros tienen esa manía de chocar contra las ventanas
cuando menos te lo esperas, cuando no hay ventanas
o cuando están cerradas.
Chocan como si quisieran apuñalar lo inmaterial de tus manos,
la sombra de una caricia, su corazón de lija.
Como si las migajas de una lágrima fueran suficiente
para suplir una docena de bichos.
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