PAISAJE CANICULAR
Los relinchos adobados de las oropéndolas
se incrustan en las fisuras del granito
de las moles imperturbables
que emergen entre las descoyuntadas margaritas.
Latidos oxidados
virginales coyundas
alazanes sulfúreos
que rematan las cascadas de luz abisal
donde se talla el frontispicio de la noche.
Apenas el lagarto adormilado
pone su toque verdoso sobre el paisaje
color de fruta podrida
esa joya de latido imperceptible
que dormita sus colores irisados
sobre el rugiente amasijo
del vómito telúrico.
La paz del fuego solar
despereza las excrecencias geométricas
de las pizarras donde duermen
los antiguos alfabetos
y los secretos placenteros
de los dioses olvidados.
Las cigarras aterradas
perforan con sus vibrátiles sonsonetes
las siestas donde imperaban los grillos
Tan sólo los elefantes soportan
el lunático mensaje del insecto inverosímil-
Se extiende flameante la dehesa
con su deseo imperioso de ser avenida o cárcel.
Amaso con mis manos escarificadas de campesino liberto
las cenizas de las rosas inmoladas
despojo de sus espinas rituales
los espejos fragmentados
reúno en magnificentes rayos
las últimas sonrisas de las vestales
que yacen sobre el altar.
Es la hora finisecular de la canícula asesina.
Los relinchos adobados de las oropéndolas
se incrustan en las fisuras del granito
de las moles imperturbables
que emergen entre las descoyuntadas margaritas.
Latidos oxidados
virginales coyundas
alazanes sulfúreos
que rematan las cascadas de luz abisal
donde se talla el frontispicio de la noche.
Apenas el lagarto adormilado
pone su toque verdoso sobre el paisaje
color de fruta podrida
esa joya de latido imperceptible
que dormita sus colores irisados
sobre el rugiente amasijo
del vómito telúrico.
La paz del fuego solar
despereza las excrecencias geométricas
de las pizarras donde duermen
los antiguos alfabetos
y los secretos placenteros
de los dioses olvidados.
Las cigarras aterradas
perforan con sus vibrátiles sonsonetes
las siestas donde imperaban los grillos
Tan sólo los elefantes soportan
el lunático mensaje del insecto inverosímil-
Se extiende flameante la dehesa
con su deseo imperioso de ser avenida o cárcel.
Amaso con mis manos escarificadas de campesino liberto
las cenizas de las rosas inmoladas
despojo de sus espinas rituales
los espejos fragmentados
reúno en magnificentes rayos
las últimas sonrisas de las vestales
que yacen sobre el altar.
Es la hora finisecular de la canícula asesina.
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