Lady Lya
Poeta recién llegado
PACTO DE SANGRE 2/9/06
Mi caballero oscuro,
errante tu alma se aleja,
aunque hicimos un pacto de sangre...
Una noche confusa,
donde la neblina se apropiaba del aire puro,
tan ingenuo que no reclamaba su libertad,
la oscuridad iba más allá,
el silencio era su virtud,
la melancolía era nuestra sombra,
la angustia se prolongaba por cada segundo de los siglos que nos quedaban
místico lugar nos acogía,
tú susurrabas en mi oído petrificado,
por lo que me había enterado minutos atrás...
Moribundo caías mientras que mis ojos hipnotizados te veían,
hechizada me encontraba,
no entendía lo que pasaba,
estabas cavando tu propia tumba,
y yo...no reaccionaba...
tus lágrimas se mezclaban con las mías,
y la sangre que nos correspondía se fundía,
en un mismo río se atormentaban,
por la tristeza que nos golpeaba.
Tu rostro pálido se transformaba,
no sabía a quién acudir, no sabia nada,
la desesperación me invadía,
la locura se enfurecía,
las tinieblas ya nos rodeaban,
cómo sacarte ileso de tal atrocidad,
una que me hunde sin detenerse a masticar.
Tus venas explotan,
tu mente se amontona de sentimientos
que no puedes expresar sin engaño,
tu paciencia esquiva a la mía,
mi paciencia ya no existe,
ahora entiendo por qué la tuya no me quiere saludar.
Penetro un sueño profundo,
en el que los dos nos deseamos sin remordimientos,
sin pecados que nos hagan trampa,
pero solo es fugaz,
luego me doy cuenta que todo sigue igual.
Tu temor se desvanece,
es tan tierno que se deshace cuando lo impedís,
estás en paz, me miras como si nada estuviera transcurriendo,
y yo con mi rostro húmedo...no sé qué hacer...
dime por cuál camino me debo guiar,
a mi razón no la voy a dejar asomar,
está atrofiada, o más bien dañada,
nunca me perdonaré por no reaccionar a mis instintos ocultos,
los que no desaparecen por la locura que indaga mi alma, que empezó a arder...
nunca me lo perdonaré...
La fúnebre ceremonia ha llegado a su culminación,
tú profeta te has ido,
y yo te dejo mi ramo de violetas, frente a tu corazón,
que es al que voy a coimear por no detener tu majestuoso escape...
Mi caballero oscuro,
errante tu alma se aleja,
aunque hicimos un pacto de sangre...
Una noche confusa,
donde la neblina se apropiaba del aire puro,
tan ingenuo que no reclamaba su libertad,
la oscuridad iba más allá,
el silencio era su virtud,
la melancolía era nuestra sombra,
la angustia se prolongaba por cada segundo de los siglos que nos quedaban
místico lugar nos acogía,
tú susurrabas en mi oído petrificado,
por lo que me había enterado minutos atrás...
Moribundo caías mientras que mis ojos hipnotizados te veían,
hechizada me encontraba,
no entendía lo que pasaba,
estabas cavando tu propia tumba,
y yo...no reaccionaba...
tus lágrimas se mezclaban con las mías,
y la sangre que nos correspondía se fundía,
en un mismo río se atormentaban,
por la tristeza que nos golpeaba.
Tu rostro pálido se transformaba,
no sabía a quién acudir, no sabia nada,
la desesperación me invadía,
la locura se enfurecía,
las tinieblas ya nos rodeaban,
cómo sacarte ileso de tal atrocidad,
una que me hunde sin detenerse a masticar.
Tus venas explotan,
tu mente se amontona de sentimientos
que no puedes expresar sin engaño,
tu paciencia esquiva a la mía,
mi paciencia ya no existe,
ahora entiendo por qué la tuya no me quiere saludar.
Penetro un sueño profundo,
en el que los dos nos deseamos sin remordimientos,
sin pecados que nos hagan trampa,
pero solo es fugaz,
luego me doy cuenta que todo sigue igual.
Tu temor se desvanece,
es tan tierno que se deshace cuando lo impedís,
estás en paz, me miras como si nada estuviera transcurriendo,
y yo con mi rostro húmedo...no sé qué hacer...
dime por cuál camino me debo guiar,
a mi razón no la voy a dejar asomar,
está atrofiada, o más bien dañada,
nunca me perdonaré por no reaccionar a mis instintos ocultos,
los que no desaparecen por la locura que indaga mi alma, que empezó a arder...
nunca me lo perdonaré...
La fúnebre ceremonia ha llegado a su culminación,
tú profeta te has ido,
y yo te dejo mi ramo de violetas, frente a tu corazón,
que es al que voy a coimear por no detener tu majestuoso escape...