Tras el paso de la última brisa,
de pura impaciencia envenenada,
las musas olvidaron mi estación,
recobrando las viejas tensiones.
Ya no temo al mañana,
es el quien me teme a mi.
La paciencia presa de los nervios,
en un aterrizaje forzoso,
hacia el último corazón preso,
con la ceguera como bandera.
Las prisas no son fieles ni buenas,
apártalas en curvas cerradas,
al revés la vida sería ser feliz.
Ya no temo al mañana,
es el quien me teme a mi.
de pura impaciencia envenenada,
las musas olvidaron mi estación,
recobrando las viejas tensiones.
Ya no temo al mañana,
es el quien me teme a mi.
La paciencia presa de los nervios,
en un aterrizaje forzoso,
hacia el último corazón preso,
con la ceguera como bandera.
Las prisas no son fieles ni buenas,
apártalas en curvas cerradas,
al revés la vida sería ser feliz.
Ya no temo al mañana,
es el quien me teme a mi.