XANA
Poeta fiel al portal
Miras al mar cual latifundio
sumido en la nostalgia de su eco,
y no lo ves
en su confusión de inmensidad,
sino en la cercanía de la playa,
en sus arenas fatigadas,
en la curtida piel de un viejo marinero
para, después, enrocarte
en lo abrupto de la costa,
en cada intervalo de ola.
Miras al mar como un sol
rendido al medrar del cereal,
con esa insobornable dicotomía
de a más luz más sombra,
de a más andar más camino,
de a más mirar más ceguera,
y te dejas conmover
por su hiriente belleza
que evoca toda una eternidad;
la eternidad de aquél
que, siendo oceánica gnosis,
epítome de azules ecos,
fue nudo propietario de esa heredad
del tiempo que es la Tierra.
sumido en la nostalgia de su eco,
y no lo ves
en su confusión de inmensidad,
sino en la cercanía de la playa,
en sus arenas fatigadas,
en la curtida piel de un viejo marinero
para, después, enrocarte
en lo abrupto de la costa,
en cada intervalo de ola.
Miras al mar como un sol
rendido al medrar del cereal,
con esa insobornable dicotomía
de a más luz más sombra,
de a más andar más camino,
de a más mirar más ceguera,
y te dejas conmover
por su hiriente belleza
que evoca toda una eternidad;
la eternidad de aquél
que, siendo oceánica gnosis,
epítome de azules ecos,
fue nudo propietario de esa heredad
del tiempo que es la Tierra.