natu
Poeta fiel al portal
Descoloridas están sus páginas amarillas, como acuarelas de ávidos soles, despedidas trascienden, se tejen entre los bordes de su libro; congelando en una historia, inéditos personajes, la protagonista:Una tragedia entre mágica y absurda.
Ella no reposa con sus escritos, con el poder de sus manos, teje con la pluma el sortilegio de ocasos escurridos, pintan la agonía como un tren que nunca se detiene y deja al lector las imágenes oscilantes de un mundo fantástico que a veces es invisible a nuestros ojos, pero en su rebelde recorrido ha marcado el compas de ciertas redes que pescan al corazón.
El olor ocre de los milenarios nombres que su cauce a atrapado, el débil sucumbir ante su frenética acción, la sublime infección que llega de repente contagiando las murallas de alma, desmoronado sus instancias, contaminado los parajes, estremeciendo con sus letras:
la danza de las hojas…
… Cuando la vida se ha extinguido
el epitafio de las tumbas…
…Cuando el nombre se ha borrado
las últimas palabras…
…Cuando ya no hace falta mencionarlas
la rivera gris de un río descolorido…
… Que se cuelga en los ecos de las sombras
la alameda de sauces llorones…
… Que bailan elegantes al ritmo de la brisa
la brújula que no marca el norte…
…A un camino sin mancha
las praderas sin vuelo de mariposas…
… Un lugar sin remedio de color
la tibia brisa del atardecer…
… el barco que encalló en la playa
Cuando la felicidad ha hecho mella en nuestro rostro, posa su mano en los hombros, recitando una frase que fluye lentamente, erizando cada célula de la piel, vaciando cientos de eléctricos escalofríos, ondeando cada cristal que perece en nuestro pecho, desafiando la anterior sonrisa.Y el reloj se detiene a la orden de sus suspiros, caen de la nada las gotas de la lluvia en un día soleado, desmenuza los pétalos de sus flores tapizando todo de ceniza; infalible esgrime en el alma, el otro giro de la historia: La soledad virtuosa
El tiempo no es problema, es su arma letal y aliada, puede esperar, cuando la primavera dispersa un poco su niebla, cuando tímidas estrellas titilantes escondidas entre nubes encienden la esperanza. De su refinada danza desprende los fríos vientos que detienen el recorrido del último beso, el marchitar de una mirada, las burbujas sonrientes que han partido, el declinar del cielo, el estrellar de una ola en la roca, y se calla inmutable con sus cabellos al viento y su sombra disipada en la aurora.
Incluso la belleza no es ajena a ella, se siente como a través de una fotografía ha eclipsado la fantasía del pasado para dejarlo indeleble como un faro que con el paso del tiempo aún ambienta el paisaje, abriendo otra ventana de la realidad empolvándolo de un color sangría, dejando inmóviles los ojos a la continuación de su relato: la pausada caricia del oscuro desenlace
Su sombra es un dulce ungüento, que con extraño misticismo la esparce cuando le provoca, a veces con rabia o esperanza, porque al furor de su obra, poderes le sobran y condenados vamos detrás de ella, rociando con su manto:
El difuminado ocaso impreso en una pintura perecedera
La división espontanea del sol y la lluvia en un mismo día
Un torrente de lágrimas en las letras de una canción
Las voces en el estallido de la brisa
Las sonrisas desordenadas y revertidas
Y el prudente trinar de su risa, que cuando uno menos lo espera estamos a merced de su libro descolorido, con su cabeza sobre nuestras piernas, nosotros: Los entes de la otra diosa
Ella no reposa con sus escritos, con el poder de sus manos, teje con la pluma el sortilegio de ocasos escurridos, pintan la agonía como un tren que nunca se detiene y deja al lector las imágenes oscilantes de un mundo fantástico que a veces es invisible a nuestros ojos, pero en su rebelde recorrido ha marcado el compas de ciertas redes que pescan al corazón.
El olor ocre de los milenarios nombres que su cauce a atrapado, el débil sucumbir ante su frenética acción, la sublime infección que llega de repente contagiando las murallas de alma, desmoronado sus instancias, contaminado los parajes, estremeciendo con sus letras:
la danza de las hojas…
… Cuando la vida se ha extinguido
el epitafio de las tumbas…
…Cuando el nombre se ha borrado
las últimas palabras…
…Cuando ya no hace falta mencionarlas
la rivera gris de un río descolorido…
… Que se cuelga en los ecos de las sombras
la alameda de sauces llorones…
… Que bailan elegantes al ritmo de la brisa
la brújula que no marca el norte…
…A un camino sin mancha
las praderas sin vuelo de mariposas…
… Un lugar sin remedio de color
la tibia brisa del atardecer…
… el barco que encalló en la playa
Cuando la felicidad ha hecho mella en nuestro rostro, posa su mano en los hombros, recitando una frase que fluye lentamente, erizando cada célula de la piel, vaciando cientos de eléctricos escalofríos, ondeando cada cristal que perece en nuestro pecho, desafiando la anterior sonrisa.Y el reloj se detiene a la orden de sus suspiros, caen de la nada las gotas de la lluvia en un día soleado, desmenuza los pétalos de sus flores tapizando todo de ceniza; infalible esgrime en el alma, el otro giro de la historia: La soledad virtuosa
El tiempo no es problema, es su arma letal y aliada, puede esperar, cuando la primavera dispersa un poco su niebla, cuando tímidas estrellas titilantes escondidas entre nubes encienden la esperanza. De su refinada danza desprende los fríos vientos que detienen el recorrido del último beso, el marchitar de una mirada, las burbujas sonrientes que han partido, el declinar del cielo, el estrellar de una ola en la roca, y se calla inmutable con sus cabellos al viento y su sombra disipada en la aurora.
Incluso la belleza no es ajena a ella, se siente como a través de una fotografía ha eclipsado la fantasía del pasado para dejarlo indeleble como un faro que con el paso del tiempo aún ambienta el paisaje, abriendo otra ventana de la realidad empolvándolo de un color sangría, dejando inmóviles los ojos a la continuación de su relato: la pausada caricia del oscuro desenlace
Su sombra es un dulce ungüento, que con extraño misticismo la esparce cuando le provoca, a veces con rabia o esperanza, porque al furor de su obra, poderes le sobran y condenados vamos detrás de ella, rociando con su manto:
El difuminado ocaso impreso en una pintura perecedera
La división espontanea del sol y la lluvia en un mismo día
Un torrente de lágrimas en las letras de una canción
Las voces en el estallido de la brisa
Las sonrisas desordenadas y revertidas
Y el prudente trinar de su risa, que cuando uno menos lo espera estamos a merced de su libro descolorido, con su cabeza sobre nuestras piernas, nosotros: Los entes de la otra diosa
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