Boj
Poeta recién llegado
ORTO Y OCASO
El pánico con cara de perro, de demonio, de arpía, de puta, el pánico con mayúsculas y sin cara...
SYLVIA PLATH
Crece la claridad a contrapunto de pájaros y sueño
y se entreveran la sábana y tus manos yacentes
tan exactas, tan criselefantinas.
Se cierran
los dondiegos y oigo puertas abriéndose
a la plaza. Vienen días de sol, y ya presiento estío.
Se desliza
el silencio inquietante de un momento muerto
y vuelve de repente el ruido amable
como cogido en falta y disculpándose. Ladridos.
Recuerdos.
Incesante cantabile, mi herida
comienza a gotear zumo podrido y oscuro de recuerdo
y escuece aún más el tiempo arrinconado.
Ya viene cabalgando, que está todo tan quieto que retumba.
Del sangrante agujero encima de la nuca
salen escolopendras grises irisadas. Asoman
solamente la cabeza tiznada, más oscura
y presiento su cuerpo a borbotones
aplastando
tabiques en mi cráneo. La cucaracha rubia
que vive en la garganta intenta aletear
y el ahogo empuja la angustia desde adentro
haciéndola correr delante mío.
Repetido
comienzo, un nuevo día. Vamos juntos del brazo
a la baranda. Estruendo. Rompeolas.
Angustia.
Me siento y las dos piernas colgando a lo innombrable.
Tus manos. Falta el resto (que todos tus recuerdos,
exceptuando esas manos
están en el jardín bajo una lona). No creo
que hoy pueda despertarte.
Johnny Panic nunca abandona a los suyos.
El pánico con cara de perro, de demonio, de arpía, de puta, el pánico con mayúsculas y sin cara...
SYLVIA PLATH
Crece la claridad a contrapunto de pájaros y sueño
y se entreveran la sábana y tus manos yacentes
tan exactas, tan criselefantinas.
Se cierran
los dondiegos y oigo puertas abriéndose
a la plaza. Vienen días de sol, y ya presiento estío.
Se desliza
el silencio inquietante de un momento muerto
y vuelve de repente el ruido amable
como cogido en falta y disculpándose. Ladridos.
Recuerdos.
Incesante cantabile, mi herida
comienza a gotear zumo podrido y oscuro de recuerdo
y escuece aún más el tiempo arrinconado.
Ya viene cabalgando, que está todo tan quieto que retumba.
Del sangrante agujero encima de la nuca
salen escolopendras grises irisadas. Asoman
solamente la cabeza tiznada, más oscura
y presiento su cuerpo a borbotones
aplastando
tabiques en mi cráneo. La cucaracha rubia
que vive en la garganta intenta aletear
y el ahogo empuja la angustia desde adentro
haciéndola correr delante mío.
Repetido
comienzo, un nuevo día. Vamos juntos del brazo
a la baranda. Estruendo. Rompeolas.
Angustia.
Me siento y las dos piernas colgando a lo innombrable.
Tus manos. Falta el resto (que todos tus recuerdos,
exceptuando esas manos
están en el jardín bajo una lona). No creo
que hoy pueda despertarte.
Johnny Panic nunca abandona a los suyos.