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Oración a la madre

prisionero inocente

Poeta que considera el portal su segunda casa
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[TD="colspan: 2"]A ritmo de trance
cae mi sombra depilada de la noche
y hasta tengo buitres en la saliva, madre.
Un profundo olor a dios ahogado se desliza por las ventanas
y envuelto en sábanas que momifican el alma
aún espero como un candelabro en la sala vacía de mi propio ser
que alguien prenda fuego a los sueños.
¿Donde están las olas de lino que curaban la enfermedad de las yeguas,
la masacre de los robles en sus ojos de vidrio,
en qué mar de tu bondad?
Ha venido el frío que se alimenta de órganos de monje
a desvestir de nidos el abrupto valle de la garganta
con sus hiedras de aguardiente
y el azúcar de mi sangre va para las yeguas.
A ritmo de trance me adhiero a la cruz de la nada.
De la infancia recuerdo algunas espigas
y las espigas recuerdan de mí la hoz.
Apura, madre, las bestias que tienes encerradas entre las manos.
Hay un ángel vasto que devorar, el último que me queda.[/TD]
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Hasta cuando me emocionas Marius. Cómo quisiera ser tu madre en este momento y que estas palabras fueran para mí. Como madre pienso que si un hijo se refiere de esta manera a ella no esperará más de la vida porque ya lo tiene todo.
Hijo, eres hacedor de la palabra distinta y ese sentimiento que está naciendo en ti y que te va haciendo cada vez más humano, significa que vas creciendo por dentro y yo solo espero acompañarte hasta que ese dios que nombras diga: YA. Que tengas un buen año, prisionero inocente y no quiero demasiada nostalgia en tu vida, aunque ya sé que me vas a decir que "solo son momentos y que no estás añorando nada". Muchísimas gracias, poeta. Un abrazo, amigo.

 
[FONT=&quot]Se siento dolor y nostalgia tras el velo místico de tu oración amigo, y dicen que el dolor fortalece el alma y yo creo en eso.
[FONT=&quot]Pero también disfruto de la belleza que manan tus versos con esas imágenes que muestran una cruda pero muy presente realidad.
[FONT=&quot]Disfruté tu colosal obra amigo.
[FONT=&quot]Es un placer leerte.
[FONT=&quot]Un abrazo grande.
 
Se siente un gran vacío, profunda añoranza. Pero el final me desconcierta
"Apura, madre, las bestias que tienes encerradas entre las manos.
Hay un ángel vasto que devorar, el último que me queda."
Es como si todo diera un giro inesperado...

Felicidades por el poema
 
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[TD="colspan: 2"]A ritmo de trance
cae mi sombra depilada de la noche
y hasta tengo buitres en la saliva, madre.
Un profundo olor a dios ahogado se desliza por las ventanas
y envuelto en sábanas que momifican el alma
aún espero como un candelabro en la sala vacía de mi propio ser
que alguien prenda fuego a los sueños.
¿Donde están las olas de lino que curaban la enfermedad de las yeguas,
la masacre de los robles en sus ojos de vidrio,
en qué mar de tu bondad?
Ha venido el frío que se alimenta de órganos de monje
a desvestir de nidos el abrupto valle de la garganta
con sus hiedras de aguardiente
y el azúcar de mi sangre va para las yeguas.
A ritmo de trance me adhiero a la cruz de la nada.
De la infancia recuerdo algunas espigas
y las espigas recuerdan de mí la hoz.
Apura, madre, las bestias que tienes encerradas entre las manos.
Hay un ángel vasto que devorar, el último que me queda.[/TD]
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Impresionante despliegue de imaginación y sentimiento en tus versos, Marius. Mis aplausos, querido amigo. Un abrazo.
 
Conmueve hasta la médula este poema. Se deja sentir el frío, los entierros de la luz, mientras va tejiendo de forma magistral su oración salvadora. Una maravilla, querido amigo. Aplausos a tu talento (Se echa de menos por aquí) Abrazos.
 
Última edición por un moderador:
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[TD="colspan: 2"]A ritmo de trance
cae mi sombra depilada de la noche
y hasta tengo buitres en la saliva, madre.
Un profundo olor a dios ahogado se desliza por las ventanas
y envuelto en sábanas que momifican el alma
aún espero como un candelabro en la sala vacía de mi propio ser
que alguien prenda fuego a los sueños.
¿Donde están las olas de lino que curaban la enfermedad de las yeguas,
la masacre de los robles en sus ojos de vidrio,
en qué mar de tu bondad?
Ha venido el frío que se alimenta de órganos de monje
a desvestir de nidos el abrupto valle de la garganta
con sus hiedras de aguardiente
y el azúcar de mi sangre va para las yeguas.
A ritmo de trance me adhiero a la cruz de la nada.
De la infancia recuerdo algunas espigas
y las espigas recuerdan de mí la hoz.
Apura, madre, las bestias que tienes encerradas entre las manos.
Hay un ángel vasto que devorar, el último que me queda.[/TD]
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Profundo poema que encierra el misterio de la creación.
Un placer, saludos cordiales.
 
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