Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
No es que el olvido olvide,
es que finge, como fingen los relojes cuando cierran los ojos
para no ver la hora exacta de la pérdida.
Hay en el acto de recordar
un olvido que no quiere ser recordado
porque sabe que al ser nombrado, muere dos veces.
Olvidar el olvido
es ponerle antifaz al abismo y llamarlo puente,
es escribir en el mármol con tinta invisible
una biografía que nunca fue vivida,
pero que insiste,
como insiste la palabra “nunca” en ser “siempre”
cuando se encuentra sola en la sala de espera del lenguaje.
Si me pides que recuerde lo que quise olvidar,
te responderé con una enumeración sin coordenadas:
una silla sin sombra,
una pregunta sin signo,
una fecha que no ocurrió,
y el silencio que dejaron los verbos cuando se exiliaron
a la patria de lo impensado.
¿Olvidar el olvido?
Quizás.
Pero primero habría que traducir el eco
de un pensamiento que aún no ha sido pensado.
es que finge, como fingen los relojes cuando cierran los ojos
para no ver la hora exacta de la pérdida.
Hay en el acto de recordar
un olvido que no quiere ser recordado
porque sabe que al ser nombrado, muere dos veces.
Olvidar el olvido
es ponerle antifaz al abismo y llamarlo puente,
es escribir en el mármol con tinta invisible
una biografía que nunca fue vivida,
pero que insiste,
como insiste la palabra “nunca” en ser “siempre”
cuando se encuentra sola en la sala de espera del lenguaje.
Si me pides que recuerde lo que quise olvidar,
te responderé con una enumeración sin coordenadas:
una silla sin sombra,
una pregunta sin signo,
una fecha que no ocurrió,
y el silencio que dejaron los verbos cuando se exiliaron
a la patria de lo impensado.
¿Olvidar el olvido?
Quizás.
Pero primero habría que traducir el eco
de un pensamiento que aún no ha sido pensado.