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Olas inmerecidas

Ya no hay mar,
para estos ojos ciegos ya no se siente el mar,
si acaso todavía ruge a lo lejos
la canción de olas inmerecidas,
y aún deja el aire en nuestra ropa
el nombre del agua sibilante.

Y cómo nos grita el sin sentido
de las huellas en la arena
al recordar que el otro día
el mar procuraba sin nosotros
la gravedad de otros huecos planetarios.
Fuimos testigos de la fuga de las olas
hacia una escondida
dinastía de mañanas y horizontes.
El mar cabalgó y huyó con gracia
sobre el amor de un millón de caballitos marsupiales

Ya no hay mar.
Son culpables todas estas manos solitarias,
voluntariosas en palpar con palabras
lo que siempre ha exigido
el amor con nuestros poros,
por lo que marchó el gran mar de las sirenas
hacia la otra cara prometida del silencio.
 
Última edición:
Este poema transmite una sensación de pérdida y nostalgia profunda, donde el mar funciona como metáfora de lo que se ha ido y ya no puede ser alcanzado. La autora combina imágenes oníricas y surrealistas —caballitos marsupiales, dinastías de horizontes— para reflejar la imposibilidad de retener lo amado y el vacío dejado por su ausencia, gracias por compartir.

Le animo a seguir leyendo y comentando los poemas de nuestros compañeros. Cada lectura nos ayuda a descubrir nuevas formas de sentir y escribir; los comentarios no solo apoyan a quien comparte su texto, sino que enriquecen nuestra propia voz poética.
 
Última edición:
Ya no hay mar,
para estos ojos ciegos ya no se siente el mar,
si acaso todavía ruge a lo lejos
la canción de olas inmerecidas,
y aún deja el aire en nuestra ropa
el nombre del agua sibilante.

Y cómo nos grita el sin sentido
de las huellas en la arena
al recordar que el otro día
el mar procuraba sin nosotros
la gravedad de otros huecos planetarios.
Fuimos testigos de la fuga de las olas
hacia una escondida
dinastía de mañanas y horizontes.
El mar cabalgó y huyó con gracia
sobre el amor de un millón de caballitos marsupiales

Ya no hay mar.
Son culpables todas estas manos solitarias,
voluntariosas en palpar con palabras
lo que siempre ha exigido
el amor con nuestros poros,
por lo que marchó el gran mar de las sirenas
hacia la otra cara prometida del silencio.
Desafortunadamente así se vive la desolación y la nostalgia de la ausencia del mar, antes era fuente de vida y amor, ahora solo pertenece a la memoria y al silencio.
Muy poético.

Saludos
 
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