Bolivar F. Martinez
Poeta adicto al portal
Ola de mar
Ola de mar, inmensa, que me llamas
como una blanca mano, tan repetidamente;
tus vaivénes me atraen como atavismo,
y tu constante voz entona un canto,
que me invita a dormir en tus abismos.
Al impulso del viento, tu espinazo
semeja un corcel encabritado;
tus ápodas corrientes traicioneras
se enredan a mis pies, con intenciones
de arrastrar a mi cuerpo en su carrera.
Mas, no me has de sepultar estando vivo,
conozco los peligros de tu juego;
tus ojos de Nereida, verde obscuro,
me miran ondulantes, como un ensueño
con promesas de amor líquido y puro.
¿Cuántas de estas hiciste a otros mortales
con el hechizo engañoso de tu arrullo? ;
¿cuántos tus halagos dormidos aceptaron,
bebiendose tu ser fuerte y salobre
y en el profundo lecho descansaron?
Vuelve a la calma y deja de llamarme,
que a la cita vendré en el futuro,
cuando deseche mi cuerpo de sus males
y sean mis despojos solo tuyos,
al agregarte un poco de mis sales.
Solo en cenizas habré de incorporarme,
que es la forma mas simple y verdadera;
no pagaré tributo a la amorosa tierra
con interior de seda en metálico estuche,
y entre mis manos frías una cruz de madera.
Ola de mar, inmensa, que me llamas
como una blanca mano, tan repetidamente;
tus vaivénes me atraen como atavismo,
y tu constante voz entona un canto,
que me invita a dormir en tus abismos.
Al impulso del viento, tu espinazo
semeja un corcel encabritado;
tus ápodas corrientes traicioneras
se enredan a mis pies, con intenciones
de arrastrar a mi cuerpo en su carrera.
Mas, no me has de sepultar estando vivo,
conozco los peligros de tu juego;
tus ojos de Nereida, verde obscuro,
me miran ondulantes, como un ensueño
con promesas de amor líquido y puro.
¿Cuántas de estas hiciste a otros mortales
con el hechizo engañoso de tu arrullo? ;
¿cuántos tus halagos dormidos aceptaron,
bebiendose tu ser fuerte y salobre
y en el profundo lecho descansaron?
Vuelve a la calma y deja de llamarme,
que a la cita vendré en el futuro,
cuando deseche mi cuerpo de sus males
y sean mis despojos solo tuyos,
al agregarte un poco de mis sales.
Solo en cenizas habré de incorporarme,
que es la forma mas simple y verdadera;
no pagaré tributo a la amorosa tierra
con interior de seda en metálico estuche,
y entre mis manos frías una cruz de madera.
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