Nat Guttlein
さん
La caja de lápices y su libreta se alejan, el niño simplemente puede de observar. Los fríos han moldeado su forma de ser, para aún teniendo frente a frente a la misma muerte, no sentir nada.
Su rojo carmesí favorito, naranja preferido y hasta el verde limón, entre otros colores, parecen no detenerse, saben su final, en completo sociego el miedo resquebraja sus cuerpos.
Él niño no se mueve, siente cosas cosquilludas en sus cachetes, y algo pesado colarse entre sus papilas gustativas, para descender en labios sopresivamente hinchados. Manos atadas por indiferencia, pies como témpanos y el filo de un par ojos analíticos cubriendo su pequeña figura.
Los recuerdos caen como estrellas fugaces a sus memorias, el pulso comienza a manifestarse, no puede sino luchar por despegarse. Tinieblas comienzan a tragar imágenes que se presentan como flashes, de esas que parecen salidas de un catálogo. Ya saben, sonrisas llenas de una felicidad que provoca hambre en el dolor.
Ceder en contra de las cadenas oxidadas que ahora son parte de sus extremidades,es penoso, el muchacho falla. Rostros escalofriantes expulsan una diarrea negra por sus labios, él se ocupa de tragar el flujo sin parpadear.
Su encadenamiento lo asfixia, ecos de huesos rompiéndose, sangre y carne besan el metal, se mueven en una danza al compás del ardor.
Niño, te han enseñado a levantarte, a no sentir nada. Demuestrales ahora, que eres el mejor aprendiz y simplemente carga el gatillo.
En un sencillo movimiento, dibuja tu mejor final.
Su rojo carmesí favorito, naranja preferido y hasta el verde limón, entre otros colores, parecen no detenerse, saben su final, en completo sociego el miedo resquebraja sus cuerpos.
Él niño no se mueve, siente cosas cosquilludas en sus cachetes, y algo pesado colarse entre sus papilas gustativas, para descender en labios sopresivamente hinchados. Manos atadas por indiferencia, pies como témpanos y el filo de un par ojos analíticos cubriendo su pequeña figura.
Los recuerdos caen como estrellas fugaces a sus memorias, el pulso comienza a manifestarse, no puede sino luchar por despegarse. Tinieblas comienzan a tragar imágenes que se presentan como flashes, de esas que parecen salidas de un catálogo. Ya saben, sonrisas llenas de una felicidad que provoca hambre en el dolor.
Ceder en contra de las cadenas oxidadas que ahora son parte de sus extremidades,es penoso, el muchacho falla. Rostros escalofriantes expulsan una diarrea negra por sus labios, él se ocupa de tragar el flujo sin parpadear.
Su encadenamiento lo asfixia, ecos de huesos rompiéndose, sangre y carne besan el metal, se mueven en una danza al compás del ardor.
Niño, te han enseñado a levantarte, a no sentir nada. Demuestrales ahora, que eres el mejor aprendiz y simplemente carga el gatillo.
En un sencillo movimiento, dibuja tu mejor final.