Ibrahim Sadhid
Poeta recién nacido
Nauseabundo hedor a muerte,
quejidos de maderas podridas,
encuentro la fosa entre las rosas,
allí, donde descansas...
¡Oh mujer cual Diosa inerte!
Inclinándome beso tus mejillas,
mirando tus oscuras pupilas calcinadas,
agazapado en la penumbra te despojo,
de los trapos rotos que te visten,
en la noche fría y callada.
Absorción de tu saliva espumosa,
entre alaridos de huérfanos sin dientes,
en la noche fría y tenebrosa,
en la noche inversa de las cosas.
La vida que desechas yo la tomo,
el jugo de tu vientre que emborracha,
el escrúpulo se marcha entre las risas,
del un hombre enamorado de la muerte.
Carcajadas de risas del que duerme,
temblores de un marido delirante,
que despierta a media noche distraído,
por el mal dormir de su amante.
Su mujer excedida en la bebida
que sufre de fatigas y ronquidos,
durante la noche le ha Zumbido,
hermosas poesía al oído,
con hedor a pesadillas.
quejidos de maderas podridas,
encuentro la fosa entre las rosas,
allí, donde descansas...
¡Oh mujer cual Diosa inerte!
Inclinándome beso tus mejillas,
mirando tus oscuras pupilas calcinadas,
agazapado en la penumbra te despojo,
de los trapos rotos que te visten,
en la noche fría y callada.
Absorción de tu saliva espumosa,
entre alaridos de huérfanos sin dientes,
en la noche fría y tenebrosa,
en la noche inversa de las cosas.
La vida que desechas yo la tomo,
el jugo de tu vientre que emborracha,
el escrúpulo se marcha entre las risas,
del un hombre enamorado de la muerte.
Carcajadas de risas del que duerme,
temblores de un marido delirante,
que despierta a media noche distraído,
por el mal dormir de su amante.
Su mujer excedida en la bebida
que sufre de fatigas y ronquidos,
durante la noche le ha Zumbido,
hermosas poesía al oído,
con hedor a pesadillas.
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