danie
solo un pensamiento...
Foscos preludios de la noche dadivosa
con nimbos de perlas en el fondo
del estanque que calla,
flotan las lilas queriendo escapar del silente
que cuelga de los mudos pífanos y laúdes,
los nenúfares se visten de luto
junto a los cuervos que lloran la tierra,
los cisnes esconden sus ebúrneos cuellos
y las viperinas culebras son las vigías
de la cárcava acuática;
Ofelia reposa en las pálidas aguas
a la vista de las trémulas hojarascas.
Allá en el distante horizonte noctívago
todo la ciénaga enmudece con su carga.
Ofelia duerme con sus labios desmayados
y sus grandes fanales de ámbar
extinguidos por el velo del tiempo.
Pernocta bajo el espejo de la luna
que refleja a una estrella nívea y desertora
de la gleba mundana.
Así yace Ofelia como la reina derrocada,
exótico es el tul que la cubre
al igual que la realeza que la ampara.
Reina del sacramental movimiento
de los ángeles helados,
de la noche velada por los secretos
y el ángelus que cuida su morada,
de la alcoba en la que se esconden
mis sueños atormentados.
Cielos vulnerados por las ojeras del óbito
con la inerte toga que asedió el alba,
la mudó en una aurora gris
de sombras y sangrantes llagas.
¡Solo espero el plenilunio de las doce
para que Ofelia se levante,
lo escribió en su póstuma carta!
con nimbos de perlas en el fondo
del estanque que calla,
flotan las lilas queriendo escapar del silente
que cuelga de los mudos pífanos y laúdes,
los nenúfares se visten de luto
junto a los cuervos que lloran la tierra,
los cisnes esconden sus ebúrneos cuellos
y las viperinas culebras son las vigías
de la cárcava acuática;
Ofelia reposa en las pálidas aguas
a la vista de las trémulas hojarascas.
Allá en el distante horizonte noctívago
todo la ciénaga enmudece con su carga.
Ofelia duerme con sus labios desmayados
y sus grandes fanales de ámbar
extinguidos por el velo del tiempo.
Pernocta bajo el espejo de la luna
que refleja a una estrella nívea y desertora
de la gleba mundana.
Así yace Ofelia como la reina derrocada,
exótico es el tul que la cubre
al igual que la realeza que la ampara.
Reina del sacramental movimiento
de los ángeles helados,
de la noche velada por los secretos
y el ángelus que cuida su morada,
de la alcoba en la que se esconden
mis sueños atormentados.
Cielos vulnerados por las ojeras del óbito
con la inerte toga que asedió el alba,
la mudó en una aurora gris
de sombras y sangrantes llagas.
¡Solo espero el plenilunio de las doce
para que Ofelia se levante,
lo escribió en su póstuma carta!