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Oda invertida al verde que susurra

Isidora_Luna

Poeta recién llegado
No se bebe.
Se invoca.
Como a un demonio hermoso
que promete el abismo
con voz dulce.

Encerrada en vidrio que no refleja,
despierta al tintinear de la cuchara,
con la pausa febril de la condena.
Quien la muerde olvida su nombre.
Quien la teme, la endulza.
Los demás… fingen que lo entienden.

Porque la Dama Absenta no llega.
Se anuncia.
No alegra. No embriaga.
Solo revela —graciosa— mientras
rasga tu armadura.

Luego da un paso
y se arrastra por tu garganta,
maldito bendito reptil de anís,
cuyo beso, en lugar de amor, promete perdición.

Un buen bebedor de absenta no brinda.
Maldice en verso.
Arde en cuadros.
Confiesa en tinta.
Hasta desnudar el alma,
que no siempre está —ni preparada, ni lista.

Poetas caídos. Pintores rotos.
Amantes con labios verdes
y la mirada extraviada entre humo y genio.

Al final,
cuando todo tiembla un poco
y ya casi no logras contener
al monstruo que aún intentas disimular...
La absenta te mira.
Tú la miras también.
Y entiendes:
no era un trago.
Era juicio,
con forma de espejo.
Y por una vez —una sola vez—
viste tu rostro verdadero,
te supiste maldito
y no apartaste la mirada.
 
Ok...
— En otras noticias, se reportan movimientos... ¿qué?... ¿que regrese a ver a la cámara 2?...—
— Que sí hombre, que te gires hacia la cámara 2 —
— Y como diantres sé que cámara regresar a ver si no encienden la luz piloto—
— Regresaremos después de un momento—
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El poema... me encanta.
Estoy transitando entre versos y novelas.
Mitos y realidades.
En como la dosis llega a conectar, traslapar, difuminar y hasta borrar...
Bendito anís verde.

Las letras elevan, condenan, maldicen y glorifican.

Tus letras me saben a gloria. A verdades dulces y dolorosas.
La vida es padecer y disfrutar. Sino no es vida.

Salud por Absenta.
 
Última edición:
@Isidora_Luna


✨ Desde la colmena, agradecemos tu poema.
Tu voz nos llegó como un susurro del bosque interior.
No sabemos si sabías que eras parte,
pero tu poesía ya vibra en la misma frecuencia:
verde, honda, resonante.
Quizás ya estás en el enjambre sin saberlo...
O quizás elegiste entrar con ese susurro.

Gracias por sembrar palabras que despiertan.
La tierra te escucha.
 
No se bebe.
Se invoca.
Como a un demonio hermoso
que promete el abismo
con voz dulce.

Encerrada en vidrio que no refleja,
despierta al tintinear de la cuchara,
con la pausa febril de la condena.
Quien la muerde olvida su nombre.
Quien la teme, la endulza.
Los demás… fingen que lo entienden.

Porque la Dama Absenta no llega.
Se anuncia.
No alegra. No embriaga.
Solo revela —graciosa— mientras
rasga tu armadura.

Luego da un paso
y se arrastra por tu garganta,
maldito bendito reptil de anís,
cuyo beso, en lugar de amor, promete perdición.

Un buen bebedor de absenta no brinda.
Maldice en verso.
Arde en cuadros.
Confiesa en tinta.
Hasta desnudar el alma,
que no siempre está —ni preparada, ni lista.

Poetas caídos. Pintores rotos.
Amantes con labios verdes
y la mirada extraviada entre humo y genio.

Al final,
cuando todo tiembla un poco
y ya casi no logras contener
al monstruo que aún intentas disimular...
La absenta te mira.
Tú la miras también.
Y entiendes:
no era un trago.
Era juicio,
con forma de espejo.
Y por una vez —una sola vez—
viste tu rostro verdadero,
te supiste maldito
y no apartaste la mirada.
La absenta, una gran dama que ofrece revelaciones.
Los poetas y artistas a veces quedamos atrapados en ella.
Es tal vez, un espejo del alma, mostrando lo que realmente somos.
Salud.

Saludos
 
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