peterjrosado
Poeta recién llegado
Observo:
Observo atentamente mí alrededor. ¿Qué veo? Sólo frutas olvidadas. ¿Qué siento? Absolutamente nada, excepto una suave sensación de comezón en mi pie derecho. Me doblo para arrascarlo y siento la carne caer, vieja y polvorosa. Ya sólo me acomodo en este asiento y observo. No me queda nada más que hacer. Al igual que ellos soy una fruta olvidada. Lo único que parte de mi esta mordida. Alguien se atrevió a morder esta fruta prohibida. Una mujer robó el corazón de este pobre viejo de un mordiscazo. Una rosa cristalina que cae al suelo y se desplaza en mil pedazos a través de un piso de mármol. Bonito y desgarrante sonido. Una plaza repleta de personas, y un pobre niño que azota con una bola mis piernas, troncos de cedro. Soy un árbol. Muevo sólo mis hojas, y el sol que da vida: me seca. Y viene el triste leñador a darle de comer a su hijo con mis hojas. Hago lo imposible para salir de esta parálisis y me acomodo en su camino.
-Termínela.- le pido.
-No dolerá mucho.- me responde.
-Cerrare mis ojos y dejare caer mis hojas. Es otoño.- mis últimas palabras.
-Bien.- su respuesta.
Comienza a cortar. Esta noche su hijo comerá de mis hojas. Y yo sólo seré un viejo tronco más en el parque central.
Observo atentamente mí alrededor. ¿Qué veo? Sólo frutas olvidadas. ¿Qué siento? Absolutamente nada, excepto una suave sensación de comezón en mi pie derecho. Me doblo para arrascarlo y siento la carne caer, vieja y polvorosa. Ya sólo me acomodo en este asiento y observo. No me queda nada más que hacer. Al igual que ellos soy una fruta olvidada. Lo único que parte de mi esta mordida. Alguien se atrevió a morder esta fruta prohibida. Una mujer robó el corazón de este pobre viejo de un mordiscazo. Una rosa cristalina que cae al suelo y se desplaza en mil pedazos a través de un piso de mármol. Bonito y desgarrante sonido. Una plaza repleta de personas, y un pobre niño que azota con una bola mis piernas, troncos de cedro. Soy un árbol. Muevo sólo mis hojas, y el sol que da vida: me seca. Y viene el triste leñador a darle de comer a su hijo con mis hojas. Hago lo imposible para salir de esta parálisis y me acomodo en su camino.
-Termínela.- le pido.
-No dolerá mucho.- me responde.
-Cerrare mis ojos y dejare caer mis hojas. Es otoño.- mis últimas palabras.
-Bien.- su respuesta.
Comienza a cortar. Esta noche su hijo comerá de mis hojas. Y yo sólo seré un viejo tronco más en el parque central.
