danie
solo un pensamiento...
Elementos simbióticos como el aire y la mar
en un marco aparente de bóreas con alma,
con pieles ebúrneas que hacen jipiar
los núbiles abenuces de la ascendencia,
por la rama y su reliquia de Jade
mecida por el viento,
ofrecida por el cielo a los ojos ardientes
y ebrios del tiempo.
El hálito de su matiz de azufre
de sus candentes recovecos
(digna obra madura y puritana,
esculpida por las manos perfeccionistas de un Dios),
perturba hasta los huesos del poniente
con su canto de hadas y anatomía en llamas.
Gema vital de la mar
que brota de las espumas del néctar frondoso
del ámbar y su aura,
traído por el caprichoso viento
para que habite y desquicie las paredes de este aposento,
las venas y sus torrentes de aneurisma,
sumergidas en la sangre de los sueños
(sembradíos de fecundas rosas de la mar).
Labios rijosos y sus manantiales
que vierten el dulce vino
sobre las tierras áridas,
erosionadas por el volcán de la herida
de un corazón palpitante,
y su deber de saciar su sed
con el brebaje de náyades doradas,
guardianas de los deseos de los nautas
y de besos de sal azur
que esparcen la vida;
sueños ilusos de una esfera sombría y oculta
en las paradisíacas islas del olvido.
en un marco aparente de bóreas con alma,
con pieles ebúrneas que hacen jipiar
los núbiles abenuces de la ascendencia,
por la rama y su reliquia de Jade
mecida por el viento,
ofrecida por el cielo a los ojos ardientes
y ebrios del tiempo.
El hálito de su matiz de azufre
de sus candentes recovecos
(digna obra madura y puritana,
esculpida por las manos perfeccionistas de un Dios),
perturba hasta los huesos del poniente
con su canto de hadas y anatomía en llamas.
Gema vital de la mar
que brota de las espumas del néctar frondoso
del ámbar y su aura,
traído por el caprichoso viento
para que habite y desquicie las paredes de este aposento,
las venas y sus torrentes de aneurisma,
sumergidas en la sangre de los sueños
(sembradíos de fecundas rosas de la mar).
Labios rijosos y sus manantiales
que vierten el dulce vino
sobre las tierras áridas,
erosionadas por el volcán de la herida
de un corazón palpitante,
y su deber de saciar su sed
con el brebaje de náyades doradas,
guardianas de los deseos de los nautas
y de besos de sal azur
que esparcen la vida;
sueños ilusos de una esfera sombría y oculta
en las paradisíacas islas del olvido.
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