Nunca se deja de soñar
en la ardida plata quemada
de los pastos de putas,
nunca se deja de soñar
en el infierno de los montes
en la serranía de apéndices tajantes
en el estéril playón desertizado;
en la tuna o en el abrojo
o en el espejo prohibido.
Nunca se deja de soñar en la nube escasa
con tropas de degenerados peñascos.
Nunca se deja de soñar en el innúmero nulo
o en el latente tortazo mas insípido
que no destroza de tan enjuto.
No se deja de esperar los platos peludos de sombreros
en las plantas de lampiñas cabezas
ni con pilas enchufadas en los culos
ni con renglones de planes
en el desquicio de los sinos,
ni en el alunizaje de la nave
y el hombre cruzado de piernas...
Ni en los poemas que se queman como bombas
dentro de mil vientres,
nunca se deja de soñar
ni por la hiedra miedosa,
ni por la costa,
nunca se deja de soñar
ni en los papeles muertos...
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