Mercedes
Poeta adicto al portal
Nueva tierra
Cuando creí que su frío
se había esparcido entre los montes,
mis hojas volvieron a nacer en tierra fértil.
Sobre un pino dormía un sol sereno
y los ríos se habían recostado en el silencio.
Ya su vil mirada no desvelaba los días santos,
que sin amor, dormían con calma.
Amor que le ofrecí,
cuando aún el reloj marcaba el otoño.
Las tardes eran frenesí.
Su rostro no estuvo ahí y quebró mis tristes ojos.
El resplandor oportuno sacudió
la palidez que dejó la extensa agonía.
Y en ese entonces,
futura alegría se escapó de una sonrisa.
Ahora los frutos brotan
y las noches de recuerdos,
ya no son más que
tiempos negados a la memoria.
He visto huir a la muerte
que estuvo tan cerca de mí.
Creí que tal vez las cenizas
de un amor tan fuerte
se apoderarían de mí.
Cuando creí que ella se perdió en mi camino,
volví a nacer y ser tierra fértil, creando un mejor destino.
Cuando creí que su frío
se había esparcido entre los montes,
mis hojas volvieron a nacer en tierra fértil.
Sobre un pino dormía un sol sereno
y los ríos se habían recostado en el silencio.
Ya su vil mirada no desvelaba los días santos,
que sin amor, dormían con calma.
Amor que le ofrecí,
cuando aún el reloj marcaba el otoño.
Las tardes eran frenesí.
Su rostro no estuvo ahí y quebró mis tristes ojos.
El resplandor oportuno sacudió
la palidez que dejó la extensa agonía.
Y en ese entonces,
futura alegría se escapó de una sonrisa.
Ahora los frutos brotan
y las noches de recuerdos,
ya no son más que
tiempos negados a la memoria.
He visto huir a la muerte
que estuvo tan cerca de mí.
Creí que tal vez las cenizas
de un amor tan fuerte
se apoderarían de mí.
Cuando creí que ella se perdió en mi camino,
volví a nacer y ser tierra fértil, creando un mejor destino.