Poisoned.Lady
Poeta recién llegado
Nuestro Reloj de Arena
Hace tiempo empezaron a caer, dorados y finos, pequeños granos de arena de un extremo a otro de nuestro reloj. Es un reloj con un principio marcado y un final desconocido, que cuenta el tiempo que nuestros caminos se mantienen unidos, nuestros distintos y parecidos caminos, ahora sin plural, ahora sólo uno.
Cada granito de arena caído marca un momento ya vivido, así que si buscas entre ellos encontrarás sonrisas, suspiros, miradas, besos aún latentes en nuestras bocas, lágrimas ya derramadas, susurros, palabras, gestos, cada uno de los elementos que forman las piedrecitas que componen nuestro camino. En cambio, si miras hacia arriba, hacia la parte superior de nuestro reloj, hacia el futuro rumbo de nuestro camino, verás simplemente granitos aún carentes de significado, indefinidos, pero que pronto pasarán a ser vividos.
Este reloj de la felicidad lo guardo bajo llave en mi corazón, mi caja de música secreta, la que marca el ritmo de mi vida y que ahora late al ritmo de tu mágica melodía. Cada día contemplo nuestro reloj vigilando que todo vaya bien, que los granos caen lenta y delicadamente por el hueco estrecho del presente para perderse después entre viejos granitos acumulados en el pasado y protegidos del olvido, sólo tiernamente conservados.
A veces este reloj de la felicidad me trae tristeza, tristeza al ver sus frágiles paredes de vidrio fino y transparente, paredes que podrían quebrarse y dejar caer los granitos de arena, que dejarían de serlo para convertirse en pequeñas dosis de dolor dispuestas a instalarse en mi cajita de música, transformando tu harmoniosa melodía en una sinfonía insoportable.
Pero por ahora, los granitos de felicidad siguen resbalando, adquiriendo el valor de presente cuando en un pasado fueron futuro y yo los contemplo con una sonrisa en los labios.
Hace tiempo empezaron a caer, dorados y finos, pequeños granos de arena de un extremo a otro de nuestro reloj. Es un reloj con un principio marcado y un final desconocido, que cuenta el tiempo que nuestros caminos se mantienen unidos, nuestros distintos y parecidos caminos, ahora sin plural, ahora sólo uno.
Cada granito de arena caído marca un momento ya vivido, así que si buscas entre ellos encontrarás sonrisas, suspiros, miradas, besos aún latentes en nuestras bocas, lágrimas ya derramadas, susurros, palabras, gestos, cada uno de los elementos que forman las piedrecitas que componen nuestro camino. En cambio, si miras hacia arriba, hacia la parte superior de nuestro reloj, hacia el futuro rumbo de nuestro camino, verás simplemente granitos aún carentes de significado, indefinidos, pero que pronto pasarán a ser vividos.
Este reloj de la felicidad lo guardo bajo llave en mi corazón, mi caja de música secreta, la que marca el ritmo de mi vida y que ahora late al ritmo de tu mágica melodía. Cada día contemplo nuestro reloj vigilando que todo vaya bien, que los granos caen lenta y delicadamente por el hueco estrecho del presente para perderse después entre viejos granitos acumulados en el pasado y protegidos del olvido, sólo tiernamente conservados.
A veces este reloj de la felicidad me trae tristeza, tristeza al ver sus frágiles paredes de vidrio fino y transparente, paredes que podrían quebrarse y dejar caer los granitos de arena, que dejarían de serlo para convertirse en pequeñas dosis de dolor dispuestas a instalarse en mi cajita de música, transformando tu harmoniosa melodía en una sinfonía insoportable.
Pero por ahora, los granitos de felicidad siguen resbalando, adquiriendo el valor de presente cuando en un pasado fueron futuro y yo los contemplo con una sonrisa en los labios.