wilson yupanqui
Poeta asiduo al portal
Nosotros.
¿Qué será de ti?
A solas me pregunto,
con el sabor amargo que da la soledad
que deja una despedida,
mientras la noche moribunda grita ya sin voz
entre lágrimas vivas,
lo que oculté por miedo...
Lo que callaste tú por cobardía.
¿Qué será de ti?
Extraños, decadentes somos tú y yo;
exiliados del mundo de los sueños
girones de un ayer que no termina,
lluvia de invierno que hiela el corazón
juramento de amor, promesa incumplida.
¿Qué será de ti?
sigo preguntándome,
entre recuerdos febriles de nuestros lejanos delirios
y en mis ojos de cristales rotos
titila de dolor, callada, entumecida,
una pena negra oculta en mi pupila.
Tu alma penitente
vuelve a mi por las noches vacías
a contemplarme dormido,
sobre el lecho rancio de añejas caricias
desenfrenadas vigilias de loca pasión.
Regresa en silencio
arrastrando tristezas, cadenas de melancolías,
mientras la ya rota ilusión
posa en mi frente su beso pervertido,
como apocalíptica marca de una profecía.
Y tú y yo, mas allá de las heridas
seguimos siendo dos tontos decadentes,
mitades de un todo que en la nada agoniza
lluvia de invierno que hiela el corazón,
girones de un ayer que no termina
juramento de amor, promesa incumplida,
con el sabor amargo que da la soledad,
que deja para siempre una despedida.
¿Qué será de ti?
A solas me pregunto,
con el sabor amargo que da la soledad
que deja una despedida,
mientras la noche moribunda grita ya sin voz
entre lágrimas vivas,
lo que oculté por miedo...
Lo que callaste tú por cobardía.
¿Qué será de ti?
Extraños, decadentes somos tú y yo;
exiliados del mundo de los sueños
girones de un ayer que no termina,
lluvia de invierno que hiela el corazón
juramento de amor, promesa incumplida.
¿Qué será de ti?
sigo preguntándome,
entre recuerdos febriles de nuestros lejanos delirios
y en mis ojos de cristales rotos
titila de dolor, callada, entumecida,
una pena negra oculta en mi pupila.
Tu alma penitente
vuelve a mi por las noches vacías
a contemplarme dormido,
sobre el lecho rancio de añejas caricias
desenfrenadas vigilias de loca pasión.
Regresa en silencio
arrastrando tristezas, cadenas de melancolías,
mientras la ya rota ilusión
posa en mi frente su beso pervertido,
como apocalíptica marca de una profecía.
Y tú y yo, mas allá de las heridas
seguimos siendo dos tontos decadentes,
mitades de un todo que en la nada agoniza
lluvia de invierno que hiela el corazón,
girones de un ayer que no termina
juramento de amor, promesa incumplida,
con el sabor amargo que da la soledad,
que deja para siempre una despedida.
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