IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Y los días se desvanecen,
como el desperdicio de toda vida,
como el último respiro
de una noche sin comienzo,
la eternidad enciende al cielo,
pero nunca nadie cuestionó su luz,
sin ver, ni oír,
el misterio de lo sacro permanece,
el milagro de la huida
silencia cada tumba,
porque nadie vuelve,
porque nadie ha de percibir
nunca en vida su melodía,
seamos sueños o no,
la codicia de la existencia es permanente,
la floritura que le regalamos al recuerdo,
que confeccionamos con tiempo y sangre,
que restauramos
cada vez que el tiempo degrada su imagen,
no nos merecemos tal penuria,
somos más fuertes que el viento,
pero más débiles que el cruento mar,
somos lamento de muchos,
ostento de un dios colérico,
la delicadeza de un pensamiento
vuelve rico al horizonte,
pero frágil al caminante.
como el desperdicio de toda vida,
como el último respiro
de una noche sin comienzo,
la eternidad enciende al cielo,
pero nunca nadie cuestionó su luz,
sin ver, ni oír,
el misterio de lo sacro permanece,
el milagro de la huida
silencia cada tumba,
porque nadie vuelve,
porque nadie ha de percibir
nunca en vida su melodía,
seamos sueños o no,
la codicia de la existencia es permanente,
la floritura que le regalamos al recuerdo,
que confeccionamos con tiempo y sangre,
que restauramos
cada vez que el tiempo degrada su imagen,
no nos merecemos tal penuria,
somos más fuertes que el viento,
pero más débiles que el cruento mar,
somos lamento de muchos,
ostento de un dios colérico,
la delicadeza de un pensamiento
vuelve rico al horizonte,
pero frágil al caminante.