¡Nos lleva la violada!...
Como no puedo decir “groserías” obviaré el lenguaje florido para dejar patente mi desasosiego ante las supercherías de un partido futbolero.
Después de que un árbitro hulero (que hace hules) lanza una moneda al aire, alzando la oración de Allan Shepard (“Dios mío. No permitas que meta la pata”
y de sentir las veinte mil miradas en su nuca, sucede que a nuestro equipo lo mandan a la portería con el sol de frente. Claro que a esa altura precisamente, el sol le dará a nuestro portero en la cara... baste con decir que si ya es medio penitente ahora no parará ni un autobús en la estación.
Pues, sea. A los cinco minutos de rodar el esférico ya habíamos recibido un gol de penal. Todo porque al defensa, voy a llamarle “animal”, se le ocurrió jugar al Tae Kwon do en vez de al fútbol.
Y para acabarla de defecar, el vendedor de infusiones etílicas, las trae a temperatura ambiente. Sobra decir que el destilado de malta, si no está bien frío tiene un sabor peculiarmente desagradable. Como si paladearas laxante.
En lo que discutíamos por el intercambio monetario, al equipo al equipo visitante se le antoja meter un gol de rebote... ¡Pues ya rebotará su “mare” porque su a “pare” no se le ponga en firmes el asunto!
Aquí fue donde empezó a llover agua de riñón desde las gradas superiores... ahora sí, ya puedo decir alguna que otra palabrota... ¡pero no!
Ya lo decía una mujer árabe atrapada bajo las telas de su burka: “ Más calor hace en el infierno”
¡ Total ! Me gasté la quincena, no llegué a casa, me emborrache con cerveza tibia, no encuentro las llaves del coche ni recuerdo si lo traje... estoy oliendo a orines ajenos (donados por algún aficionado mal parido) y no puedo decir ni una simple, pequeña, tranquilizadora y desahogadora mala palabra.
¡Me lleva la changada!
Amén.
Nada esta escrito... aún.
Como no puedo decir “groserías” obviaré el lenguaje florido para dejar patente mi desasosiego ante las supercherías de un partido futbolero.
Después de que un árbitro hulero (que hace hules) lanza una moneda al aire, alzando la oración de Allan Shepard (“Dios mío. No permitas que meta la pata”
Pues, sea. A los cinco minutos de rodar el esférico ya habíamos recibido un gol de penal. Todo porque al defensa, voy a llamarle “animal”, se le ocurrió jugar al Tae Kwon do en vez de al fútbol.
Y para acabarla de defecar, el vendedor de infusiones etílicas, las trae a temperatura ambiente. Sobra decir que el destilado de malta, si no está bien frío tiene un sabor peculiarmente desagradable. Como si paladearas laxante.
En lo que discutíamos por el intercambio monetario, al equipo al equipo visitante se le antoja meter un gol de rebote... ¡Pues ya rebotará su “mare” porque su a “pare” no se le ponga en firmes el asunto!
Aquí fue donde empezó a llover agua de riñón desde las gradas superiores... ahora sí, ya puedo decir alguna que otra palabrota... ¡pero no!
Ya lo decía una mujer árabe atrapada bajo las telas de su burka: “ Más calor hace en el infierno”
¡ Total ! Me gasté la quincena, no llegué a casa, me emborrache con cerveza tibia, no encuentro las llaves del coche ni recuerdo si lo traje... estoy oliendo a orines ajenos (donados por algún aficionado mal parido) y no puedo decir ni una simple, pequeña, tranquilizadora y desahogadora mala palabra.
¡Me lleva la changada!
Amén.
©®Todos los derechos reservados bajo el nombre de Jorge de Córdoba, Barak ben Asís, Cesarfco.cd[FONT="]∴
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