NOCTURNO COMO CRÓNICA DE UNA DERROTA
El turbante de la noche envuelve los grandes crímenes
las fachadas recriminan con sus miríadas de ojos
los sucesos luctuosos de las familias noruegas
Grandes blasones cuartelados
olfatean la llegada de los atardeceres amargos
son blasones heredados de magníficas derrotas
cincelados por jaurías inspiradas por el odio
Oriflamas que son ojos y aldabón de los vencidos
Tremebundos los ecos esparcen sus aromas de lavanda
aun cuando las ventanas entornadas anuncian
el despertar de las doncellas.
Los pétreos pavimentos humedos todavía
por la sangre recién derramada
brillan con esa sonrisa estúpida
de los que ignoran que en la vecina iglesia
las lechuzas se ahítan con los vapores del incienso
Calles donde el silencio es un rito
calles con resonancias del último crimen
calles empedradas de misterio que dan aroma al ciclamen
calles que son sinfonías de adulterios
oprimidas por la niebla como un cendal del olvido
calles de los viejos pueblos nacidos de los rencores
que adormecen a sus casas blasonadas
Allí donde los ecos son mugidos
y los gritos pavorosos de los vencejos
sirven como reclamo a los castrati del coro
Todo es voluta o nube o alpargata
de campesinos que hacen de su trabajo una estrella
que arrojan después al cielo desagradecido
Campesinos blasonados
casas de piedra cautiva
calles donde los ecos
se transforman en suspiros
de los que ponen fin
al goce de los amantes
Calles en fin que son ríos
que se pierden en el mar
sin la bendición de un cura.
El turbante de la noche envuelve los grandes crímenes
las fachadas recriminan con sus miríadas de ojos
los sucesos luctuosos de las familias noruegas
Grandes blasones cuartelados
olfatean la llegada de los atardeceres amargos
son blasones heredados de magníficas derrotas
cincelados por jaurías inspiradas por el odio
Oriflamas que son ojos y aldabón de los vencidos
Tremebundos los ecos esparcen sus aromas de lavanda
aun cuando las ventanas entornadas anuncian
el despertar de las doncellas.
Los pétreos pavimentos humedos todavía
por la sangre recién derramada
brillan con esa sonrisa estúpida
de los que ignoran que en la vecina iglesia
las lechuzas se ahítan con los vapores del incienso
Calles donde el silencio es un rito
calles con resonancias del último crimen
calles empedradas de misterio que dan aroma al ciclamen
calles que son sinfonías de adulterios
oprimidas por la niebla como un cendal del olvido
calles de los viejos pueblos nacidos de los rencores
que adormecen a sus casas blasonadas
Allí donde los ecos son mugidos
y los gritos pavorosos de los vencejos
sirven como reclamo a los castrati del coro
Todo es voluta o nube o alpargata
de campesinos que hacen de su trabajo una estrella
que arrojan después al cielo desagradecido
Campesinos blasonados
casas de piedra cautiva
calles donde los ecos
se transforman en suspiros
de los que ponen fin
al goce de los amantes
Calles en fin que son ríos
que se pierden en el mar
sin la bendición de un cura.