Dulces los sonidos que desgarran
Los canales auditivos de una noche amarga,
Fragores penetrantes sin sentido,
Ni destino,
Que derrapan como gritos del abismo.
Escarpados los caminos de la inercia,
Vigores congelados al latir de la demencia.
El férreo brazo gira lentamente
Eternizando la decrepita agonía.
Por momentos los espectros quedan ciegos,
Supurando escarcha
Por los globos oculares del alma.
Vacío de las cuencas ensombrecidas
Como umbráticas cavernas saladas,
La pupila interna dilatada, esta perdida,
Embebida en universos blanquinegros
De metamórficos recuerdos
Embriagando asiduamente
De aquel néctar noctabundo
Donde flotan las estrellas
Desde este acerbo mundo
Al arcano abismo taciturno