Era una tremebunda noche obscura. La insania de mi alma, sedienta de gloria perecedera, iba carcomiendo mis pensamientos más inocentes. Era una pérfida noche obscura. Y en harapos mi cuerpo agorero sudaba pus virulento. Visnuh reía complacido. Quería gritar. Mas mi laringe no existía. Era ya una sombra enmohecida. Dentro del pecho pletórico de una tremenda noche obscura. Una horda de voces crueles inclinaron el pentaculo de mi vil miseria hacia la eterna demencia de mi fútil soledad. Era una noche obscura. Y me abrí las venas para rematar una historia descalabrada. Un sueño perpetuo se adueñó de mi falsía inconsciente. Y, en un trémulo golpe de fortuna mi ego quedó pulverizado. Dentro de la bendita y silenciosa noche obscura.