Alfredo grande merino
Poeta recién llegado
Viviendo en la era de los corazones
enclaustrados, la evasión se torna desesperada cada vez que dejo mi cadáver en el camino, el puñal guarda su beso para la tierna entraña cuando preñada de los parias de la tierra engendra tan solo desesperanza.
Una luna llora tinieblas y me presta su grito inacabado que se pierde por las calles en unas noches de tristes y etilicas canciones.
Un vomito de penas siembra la puntera de unos sucios y gastados zapatos que caminan por el olvido de los afectos carnales, esos que un día endulzaban las crudas realidades.
Ya se están apagando las farolas y cuesta reconocer este portal de piedra roja...
Me quedan dos euros en el bolsillo una chaqueta que no encuentro y el rastro de un aroma en mi cuello, de un perfume desconocido.
Alfredo Grande Merino.
enclaustrados, la evasión se torna desesperada cada vez que dejo mi cadáver en el camino, el puñal guarda su beso para la tierna entraña cuando preñada de los parias de la tierra engendra tan solo desesperanza.
Una luna llora tinieblas y me presta su grito inacabado que se pierde por las calles en unas noches de tristes y etilicas canciones.
Un vomito de penas siembra la puntera de unos sucios y gastados zapatos que caminan por el olvido de los afectos carnales, esos que un día endulzaban las crudas realidades.
Ya se están apagando las farolas y cuesta reconocer este portal de piedra roja...
Me quedan dos euros en el bolsillo una chaqueta que no encuentro y el rastro de un aroma en mi cuello, de un perfume desconocido.
Alfredo Grande Merino.