ARPA
Se hilan a lento poemas
que de tristeza visten el viento,
un arpa entona una melodía
susurrando su musical aliento.
Es la luna ciclópea perla
testigo de su belleza pálida,
léntamente muere silenciosa
en un cielo de estrellas cálidas.
Entre un velo de vaporosa bruma
haciendo de una lápida su diván,
una fría mano arranca las notas
del Arpa de su amado Iván.
Él fue distinguido caballero,
de todos por ella el más amado,
y Ahora yace bajo la tierra
mas por Helena nunca olvidado.
Ella le reza con su Arpa
afinada letra de poesía sin igual,
una balada en prosa y verso
tal que la muerte no tiene final.
Hato de eterna melancolía,
la noche se fragmenta en sueños rotos,
las estrellas se caen del cielo
como se caen las lágrimas de sus ojos.
Se oyen tibios rumores
tras la espalda de la bella Helena,
un fantasmal aliento de hielo
que susurra versos de eterna pena.
Su pelo azabache se mece
al merced de una mano congelada,
se despoja su angustia en cada nota
como la rosa de sus pétalos es deshojada.
Sus labios escarlatas argentan
la infinitud de un insigne desconsuelo,
una melancólica sinfonía de suspiros
declara su pena un rumor quedo.
HELENA
Iván, Iván mi amado Iván,
¿quién os alejó de mi lado?
Déjate mecer por éstas notas
¡ni aún muerta os habré olvidado!
¡Oh, Iván! Pobre de mí,
cuantos recuerdos me matan de dolor,
desesperanzada yazgo a vuestro lado
sin poder paladear vuestro calor.
IVÁN
Helena, Helena dulce Helena,
os amé tanto en mi otra vida
por besar de nuevo vuestros labios
de nuevo matar me dejaría.
Es una tortura muy cruel
estar atado a las manos de Lucifer,
verdugo fue nuestro amor
condenado en éste eterno anochecer.
Mas no me reclaméis más, amada mía,
no lloréis más mi fatal suerte,
cantad a otro hombre que se preste
y dejadme sólo con mi muerte.
HELENA
¡Frenad mi llanto, mi señor!
Llevadme a la tumba con vos,
renuncio a los placeres de ésta vida
mas no podré deciros adiós.
Pedidme mi muerte, os lo ruego,
en vuestro sueño musitad mi nombre,
llevadme con vos a la tumba
¡pero no me pidáis que ame a otro hombre!
****
Fue la noche una eterna partitura,
incansable y melancólico erial,
su amor fue algo insondable
nunca fue conocedor de un final.
Los dedos de la bella Helena
continuaron arrancando notas del arpa,
sus labios de lágrimas mojados,
de éstos un último suspiro se escapa.
Nunca nadie supo de ese eterno amor,
mas llegó el día en que un cuervo alado
cerró los ojos verdes de Helena
y durmió por siempre con su amado.
que de tristeza visten el viento,
un arpa entona una melodía
susurrando su musical aliento.
Es la luna ciclópea perla
testigo de su belleza pálida,
léntamente muere silenciosa
en un cielo de estrellas cálidas.
Entre un velo de vaporosa bruma
haciendo de una lápida su diván,
una fría mano arranca las notas
del Arpa de su amado Iván.
Él fue distinguido caballero,
de todos por ella el más amado,
y Ahora yace bajo la tierra
mas por Helena nunca olvidado.
Ella le reza con su Arpa
afinada letra de poesía sin igual,
una balada en prosa y verso
tal que la muerte no tiene final.
Hato de eterna melancolía,
la noche se fragmenta en sueños rotos,
las estrellas se caen del cielo
como se caen las lágrimas de sus ojos.
Se oyen tibios rumores
tras la espalda de la bella Helena,
un fantasmal aliento de hielo
que susurra versos de eterna pena.
Su pelo azabache se mece
al merced de una mano congelada,
se despoja su angustia en cada nota
como la rosa de sus pétalos es deshojada.
Sus labios escarlatas argentan
la infinitud de un insigne desconsuelo,
una melancólica sinfonía de suspiros
declara su pena un rumor quedo.
HELENA
Iván, Iván mi amado Iván,
¿quién os alejó de mi lado?
Déjate mecer por éstas notas
¡ni aún muerta os habré olvidado!
¡Oh, Iván! Pobre de mí,
cuantos recuerdos me matan de dolor,
desesperanzada yazgo a vuestro lado
sin poder paladear vuestro calor.
IVÁN
Helena, Helena dulce Helena,
os amé tanto en mi otra vida
por besar de nuevo vuestros labios
de nuevo matar me dejaría.
Es una tortura muy cruel
estar atado a las manos de Lucifer,
verdugo fue nuestro amor
condenado en éste eterno anochecer.
Mas no me reclaméis más, amada mía,
no lloréis más mi fatal suerte,
cantad a otro hombre que se preste
y dejadme sólo con mi muerte.
HELENA
¡Frenad mi llanto, mi señor!
Llevadme a la tumba con vos,
renuncio a los placeres de ésta vida
mas no podré deciros adiós.
Pedidme mi muerte, os lo ruego,
en vuestro sueño musitad mi nombre,
llevadme con vos a la tumba
¡pero no me pidáis que ame a otro hombre!
****
Fue la noche una eterna partitura,
incansable y melancólico erial,
su amor fue algo insondable
nunca fue conocedor de un final.
Los dedos de la bella Helena
continuaron arrancando notas del arpa,
sus labios de lágrimas mojados,
de éstos un último suspiro se escapa.
Nunca nadie supo de ese eterno amor,
mas llegó el día en que un cuervo alado
cerró los ojos verdes de Helena
y durmió por siempre con su amado.