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Me haces culpable de tus miedos, tu dolor,
del reiterado ademán innecesario,
de una vida abandonada a los silencios.
Me haces culpable de no reír por tu causa,
de las batallas que empiezas y no terminas,
de soñar cuando no hay otra posibilidad.
Me haces culpable y parte de tu desilusión,
me dañas con portazos y huidas adelante,
del amor inocente que es fruto de los dos.
Me haces culpable de que quiera vivir
y llevar en mi maleta nada más que la ilusión
y el aprendizaje de saber quien soy.
Me haces culpable de tu melancolía,
de tus continuos cambios de humor,
de que ya nada altere a tu frío corazón.
Me haces culpable y yo no lo acepto,
ya no soy la flor enjaulada en la maceta,
soy un rosal hermoso en todo su esplendor,
soy guerrera y dueña de su destino,
arena, piedra, caricia y duro tesón.
Me haces culpable de que no te quiera,
de que tu triste mundo se rompa en dos,
no quiero ser naufraga de tu barco,
solo quiero tener el gobierno de mi timón.
Me haces culpable del tiempo perdido,
de que lentamente se perdió la pasión,
de que dibuje a mi vida con otro color.
No, no soy culpable de ser una mujer
que sueña y quiere vivir mirando al sol,
que gana sus batallas con su esfuerzo,
que haya días que llore llena de rabia
y no lo haga de tristeza ni por amor.
No me hagas culpable de no ser mejor,
llevo en mis manos la flor marchita
que un día fue rosa y hoy es fiero zarzal,
a todas esa palabras que hoy borradas
fueron esperanza y hoy son rencor.
Me haces culpable por ser mujer y caminar
lejos de tu silencio sin temor ni miedo,
me haces culpable de ser alguien distante
cuando fuiste tú quien se fue alejando
y arrepentido ahora no le gusta quien soy.
No, no soy culpable, ya no hay prisión,
hoy camino feliz y libre mirando al sol.
Me haces culpable de tus miedos, tu dolor,
del reiterado ademán innecesario,
de una vida abandonada a los silencios.
Me haces culpable de no reír por tu causa,
de las batallas que empiezas y no terminas,
de soñar cuando no hay otra posibilidad.
Me haces culpable y parte de tu desilusión,
me dañas con portazos y huidas adelante,
del amor inocente que es fruto de los dos.
Me haces culpable de que quiera vivir
y llevar en mi maleta nada más que la ilusión
y el aprendizaje de saber quien soy.
Me haces culpable de tu melancolía,
de tus continuos cambios de humor,
de que ya nada altere a tu frío corazón.
Me haces culpable y yo no lo acepto,
ya no soy la flor enjaulada en la maceta,
soy un rosal hermoso en todo su esplendor,
soy guerrera y dueña de su destino,
arena, piedra, caricia y duro tesón.
Me haces culpable de que no te quiera,
de que tu triste mundo se rompa en dos,
no quiero ser naufraga de tu barco,
solo quiero tener el gobierno de mi timón.
Me haces culpable del tiempo perdido,
de que lentamente se perdió la pasión,
de que dibuje a mi vida con otro color.
No, no soy culpable de ser una mujer
que sueña y quiere vivir mirando al sol,
que gana sus batallas con su esfuerzo,
que haya días que llore llena de rabia
y no lo haga de tristeza ni por amor.
No me hagas culpable de no ser mejor,
llevo en mis manos la flor marchita
que un día fue rosa y hoy es fiero zarzal,
a todas esa palabras que hoy borradas
fueron esperanza y hoy son rencor.
Me haces culpable por ser mujer y caminar
lejos de tu silencio sin temor ni miedo,
me haces culpable de ser alguien distante
cuando fuiste tú quien se fue alejando
y arrepentido ahora no le gusta quien soy.
No, no soy culpable, ya no hay prisión,
hoy camino feliz y libre mirando al sol.
Me haces culpable de tus miedos, tu dolor,
del reiterado ademán innecesario,
de una vida abandonada a los silencios.
Me haces culpable de no reír por tu causa,
de las batallas que empiezas y no terminas,
de soñar cuando no hay otra posibilidad.
Me haces culpable y parte de tu desilusión,
me dañas con portazos y huidas adelante,
del amor inocente que es fruto de los dos.
Me haces culpable de que quiera vivir
y llevar en mi maleta nada más que la ilusión
y el aprendizaje de saber quien soy.
Me haces culpable de tu melancolía,
de tus continuos cambios de humor,
de que ya nada altere a tu frío corazón.
Me haces culpable y yo no lo acepto,
ya no soy la flor enjaulada en la maceta,
soy un rosal hermoso en todo su esplendor,
soy guerrera y dueña de su destino,
arena, piedra, caricia y duro tesón.
Me haces culpable de que no te quiera,
de que tu triste mundo se rompa en dos,
no quiero ser naufraga de tu barco,
solo quiero tener el gobierno de mi timón.
Me haces culpable del tiempo perdido,
de que lentamente se perdió la pasión,
de que dibuje a mi vida con otro color.
No, no soy culpable de ser una mujer
que sueña y quiere vivir mirando al sol,
que gana sus batallas con su esfuerzo,
que haya días que llore llena de rabia
y no lo haga de tristeza ni por amor.
No me hagas culpable de no ser mejor,
llevo en mis manos la flor marchita
que un día fue rosa y hoy es fiero zarzal,
a todas esa palabras que hoy borradas
fueron esperanza y hoy son rencor.
Me haces culpable por ser mujer y caminar
lejos de tu silencio sin temor ni miedo,
me haces culpable de ser alguien distante
cuando fuiste tú quien se fue alejando
y arrepentido ahora no le gusta quien soy.
No, no soy culpable, ya no hay prisión,
hoy camino feliz y libre mirando al sol.