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No ser último deseo

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Peso muerto
tengo en el pecho,

pecho cruento,
no aguanta a mi corazón sangrante,
desangrándose
entre estos instantes de dolores,
eternos,

tengo clavos que no se rompen,
cruces de dioses me tapan la boca,

cielos de infiernos,
infierno de luces
que queman mi alma,

reina en mi mente el caos y el abismo,
como toda mente humana,
como todo universo confeccionado,
como toda flama, por alguien encendida,

el recuerdo es otra tortura,
diferente si no se la escucha,
aunque la memoria
nunca fue tanto dolor,

los segundos, tantos años,
los milenios solo historias,
y el futuro, enlentece,
al que busca desahogo,

porque no hay vida que cure,
las vidas se mueren con o sin compañía,
la inmortalidad es cuento imposible,
la muerte siempre vence,
aún si la vida la omite,
porque toda alma se entrega a su dueño,
a su sueño mortal,

el presente esta ausente,
como las estrellas en la mañana,
como la luna apagada,
así cualquiera piensa en morir,

escucho a un muerto reír,
en la esquina de mi habitación,
escondido aún más,
entre las sombras que no se esconden,

y me veo destruido entre tintas,

entre letras, impotentes,
que no saben como apagar la caldera,

aquella caldera que se acerca de a poco,
incinerando la carne,
retorciendo los huesos,
induciéndonos
a las hambrunas más horrendas
de un espíritu agobiado,

mi último deseo,

no ser mi último deseo.



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Última edición:
Peso muerto
tengo en el pecho,

pecho cruento,
no aguanta a mi corazón sangrante,
desangrándose
entre estos instantes de dolores,
eternos,

tengo clavos que no se rompen,
cruces de dioses me tapan la boca,

cielos de infiernos,
infierno de luces
que queman mi alma,

reina en mi mente el caos y el abismo,
como toda mente humana,
como todo universo confeccionado,
como toda flama, por alguien encendida,

el recuerdo es otra tortura,
diferente si no se la escucha,
aunque la memoria
nunca fue tanto dolor,

los segundos tantos años,
los milenios solo historias,
y el futuro, enlentece,
al que busca desahogo,

porque no hay vida que cure,
las vidas se mueren con o sin compañía,
la inmortalidad es cuento imposible,
la muerte siempre vence,
aún si la vida la omite,
porque toda alma se entrega a su dueño,
a su sueño mortal,

el presente esta ausente,
como las estrellas en la mañana,
como la luna apagada,
así cualquiera piensa en morir,

escucho a un muerto reír,
en la esquina de mi habitación,
escondido aún más,
entre las sombras que no se esconden,

y me veo destruido entre tintas,

entre letras, impotentes,
que no saben como apagar la caldera,

aquella caldera que se acerca de a poco,
incinerando la carne,
retorciendo los huesos,
induciéndonos
a las hambrunas más horrendas
de un espíritu agobiado,

mi último deseo,

no ser mi último deseo.



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Muy profundo IgnotaIlusión.

Saludos desde la Habana
 
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