Nuria
Poeta que considera el portal su segunda casa
Crees que acabaras con mi ser, el cual no te pertenece.
La vida misma tiene su encanto en mi.
Y cavilo implorando el perdón por ti, por tu alma, por tu redención. Ansias clavar tus fauces en mi. Deseas adsorber mi sangre por tus mismas entrañas. Enlutas tu ser de tantas ansias y yo me rió de solo pensarte. Mi corazón no te pertenece. Mi alma esta plasmada entre el cielo. Mi estandarte lleva ya otro sello. Sello de eternidad ante el supremo. Ni viniendo el mismo infierno a llamarme, ni Belcebú con sus sequitos podrían arrancarme de tan dulce lecho.
Caerás abatido en el suelo, pues las mismas esperanzas de acabarme te consumen. Y morirás con tus deseos, y por mas que me busques no me hallarás pues no tienes cabida en este cielo.
Tu mismo buscaste tu muerte. Con tinta de sangre manchaste tu lecho. Lecho de muerte que consume tus huesos. Tus venas marcadas con tinta de sangre. Una funesta muerte que clamaste a gritos y ahora en el silencio de la noche tu lamento fue escuchado. Desgarra tus huesos queriendo absorberte y desfalleces de dolor por temor al infierno. Ahora clamas, ahora gritas y entre el llanto cortado se escucha de tus labios la palabra perdón. Ahora abatido por tus recuerdos, tu blasfemia y tu malicia, solo rehúsas a entrar al averno, pues ya conociendo el cielo, la añoranza de lo que fue, ya no es.
Y la muerte sigue tus pasos. Llega hasta tu lecho.
¡Que final mas truncado, que agonía más funesta!
Lo que creíste que seria fulminante hoy te deja agonizante.
Pues ni el infierno te reclama, ni tampoco el cielo te consiente.
La vida misma tiene su encanto en mi.
Y cavilo implorando el perdón por ti, por tu alma, por tu redención. Ansias clavar tus fauces en mi. Deseas adsorber mi sangre por tus mismas entrañas. Enlutas tu ser de tantas ansias y yo me rió de solo pensarte. Mi corazón no te pertenece. Mi alma esta plasmada entre el cielo. Mi estandarte lleva ya otro sello. Sello de eternidad ante el supremo. Ni viniendo el mismo infierno a llamarme, ni Belcebú con sus sequitos podrían arrancarme de tan dulce lecho.
Caerás abatido en el suelo, pues las mismas esperanzas de acabarme te consumen. Y morirás con tus deseos, y por mas que me busques no me hallarás pues no tienes cabida en este cielo.
Tu mismo buscaste tu muerte. Con tinta de sangre manchaste tu lecho. Lecho de muerte que consume tus huesos. Tus venas marcadas con tinta de sangre. Una funesta muerte que clamaste a gritos y ahora en el silencio de la noche tu lamento fue escuchado. Desgarra tus huesos queriendo absorberte y desfalleces de dolor por temor al infierno. Ahora clamas, ahora gritas y entre el llanto cortado se escucha de tus labios la palabra perdón. Ahora abatido por tus recuerdos, tu blasfemia y tu malicia, solo rehúsas a entrar al averno, pues ya conociendo el cielo, la añoranza de lo que fue, ya no es.
Y la muerte sigue tus pasos. Llega hasta tu lecho.
¡Que final mas truncado, que agonía más funesta!
Lo que creíste que seria fulminante hoy te deja agonizante.
Pues ni el infierno te reclama, ni tampoco el cielo te consiente.